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Chile: Desigualdad, estallido social y nueva constitución, en la perspectiva del premio Nobel de Economía 2024

Daron Acemoglu, junto a los también economistas Simon Johnson y James Robinson, comparten el galardón este año.

El Premio Nobel de Economía 2024 fue concedido recientemente al economista turco Daron Acemoglu, junto al también economista anglo estadounidense Simon Johnson, ambos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y a James Robinson, de la Universidad de Chicago.

Recibieron el premio por sus trabajos sobre las diferencias de prosperidad entre los países y por sus investigaciones sobre cómo las instituciones afectan a la prosperidad. Los galardonados utilizaron tanto la teoría como los datos para explicar mejor la desigualdad entre países, según el comité del premio. “Reducir las enormes diferencias de ingresos entre países es uno de los mayores retos de nuestro tiempo”, dijo en un comunicado Jakob Svensson, presidente del Comité del Premio de Economía. “Los galardonados han demostrado la importancia de las instituciones sociales para lograrlo”.

Sus conclusiones sugieren que las instituciones inclusivas tienden a encaminar a los países hacia la prosperidad a largo plazo, mientras que las extractivas —diseñadas para mantener el control de quienes detentan el poder— proporcionan ganancias a corto plazo a las personas en el poder.  Los economistas han escrito libros basados en sus investigaciones, entre ellos Por qué fracasan los países, de Acemoglu y Robinson, y Poder y progreso, de Acemoglu y Johnson, publicado el año pasado. En  Por qué fracasan los países,  lo que hacen básicamente Acemoglu y Robinson es  considerar el conjunto de las instituciones,  el conjunto de reglas de normas, de cultura, de nuestras sociedades particularmente, para  explicar y entender  el origen de la desigualdad. Como ejemplo, los autores mencionan la ciudad de Nogales, en Arizona, EEUU; y su gemela en Sonora México, las dos están ahí, una al lado de la otra.  El norte de Nogales es más próspero que el sur, a pesar de compartir cultura y ubicación. Según los economistas, las diferencias se deben a las instituciones que rigen las dos mitades de la ciudad.

También abordan cómo las élites a menudo resisten cambios hacia instituciones más inclusivas debido a los beneficios inmediatos que obtienen del sistema actual. Esta resistencia al cambio perpetúa el ciclo de pobreza y desigualdad.

Acerca de Chile, Daron Acemoglu señaló hace un par de años  que “la comunidad empresarial es cerrada no está abierta a los chilenos promedio, hay una especie de división social amplia en Chile, creo que hay mucha gente que siente que hay un techo de cristal encima de ellos, dependiendo de la procedencia.  La procedencia determina a qué escuelas van y determina hasta donde se puede ascender en la jerarquía empresarial en Chile”.

“Mi perspectiva es que si piensas (refiriéndose a la desigualdad) solo en términos económicos, es demasiado estrecho. Pero lo que encuentro útil  pensar  en relaciones de poder en la sociedad”.  “Puedes convertirte en abogado, académico exitoso, en profesional,  pero si todavía sientes que algunas personas se sienten con derecho hacia ti y te miran con desprecio porque no vienes de la clase social adecuada y eso te cierra  las puertas, eso no es igualdad”.  Eso, señala Acemoglu, no solo es malo moralmente  sino ineficiente, no es bueno para la economía no es  bueno para la política, para la forma que está organizada nuestra sociedad. “Muchos ciudadanos en Chile aún perciben que viven en una sociedad desigual, que los privilegios se concentran en un segmento de la sociedad y quieren más apertura y equidad en ese aspecto”, señaló al referirse a algunas de las causas del estallido social de 2019 en Chile.

Durante 2021, también acerca de nuestro país, Acemoglu señalaba “Chile está pasando por un momento muy bueno… la nueva Constitución puede ser un punto de inflexión”,  “Yo sí creo que Chile necesita una nueva Constitución”. “En Chile se ha creado una sociedad muy desigual en lo económico y social”. “En la década del 2000, Chile dio pasos importantes para rectificar algunas de esas desigualdades económicas, pero no hizo nada para tratar la desigualdad social. Solo basta con mirar a los políticos y a la élite empresarial que dirigen el país. Las personas que representan a Chile en el extranjero son muy homogéneas”.  “Eso, sumado a las grandes aspiraciones de la nueva generación, es la raíz de este gran descontento. La discusión de una nueva Constitución es una parte importante de ese debate y creo que Chile está en camino a un mejor consenso en estas materias”, declaraba en 2021 acerca del proceso chileno, apuntando a que el proyecto constitucional debía ser lo suficientemente inclusivo como para recibir un apoyo abrumador de la población. “Está claro que esto no está ocurriendo” decía en 2022, y si este borrador se aceptara, no se consideraría legítimo por una cómoda mayoría. “Se trata de una enorme oportunidad perdida”, señaló una vez conocidos los resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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