La captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa por parte de Estados Unidos no es solo una violación flagrante y sin matices del Estado de Derecho global y del principio de autodeterminación de los pueblos, sino que al actuar como juez, jurado y verdugo en territorio soberano de otro país, Washington ha pulverizado la noción de igualdad jurídica entre los Estados. Adicionalmente el hecho marca un hito sin precedentes en la política energética del siglo XXI. Este evento no es un hecho aislado, sino la culminación de una estrategia de seguridad nacional de Washington orientada a estabilizar su propia economía, que atraviesa por una compleja crisis, marcada por la volatilidad del dólar y una enorme deuda interna. Asegurar el control de los recursos fósiles más grandes del planeta, y de paso controlar el precio del crudo en el mercado internacional, son elementos estratégicos determinantes para una potencia en declive como es EE.UU.
Junto a producir principalmente petróleo crudo ligero y dulce (bajo en azufre), EE.UU. posee todo el sistema de refinación de la Costa del Golfo (Texas y Luisiana) que fue diseñado específicamente para procesar crudos pesados y extrapesados. Actualmente Canadá es el principal proveedor con 3.8 millones de barriles diarios (b/d), seguido de México con unos 457 mil b/d y otros proveedores que incluyen a Venezuela con solamente (228 mil b/d). EE.UU. exporta un promedio de 3.6 a 4 millones de b/d de crudo. Sin embargo, el modelo de negocio principal es importar crudo pesado, refinarlo y exportar los productos finales (3.3 a 3.8 millones de b/d de productos refinados). Aunque produce grandes cantidades de shale oil (crudo ligero), sus refinerías de alta conversión necesitan crudo pesado para producir diésel y combustibles industriales de manera eficiente. Llevar ese crudo desde Venezuela, que está geográficamente muy cerca a pocos días de navegación, es sustancialmente más barato que traerlo de Oriente Medio o depender exclusivamente de Canadá.
Cual sería el plan entonces de Trump, el relato que se intenta instalar? : que una vez eliminado el dictador Maduro, se elimina con él y termina allí “todo el mal” retomando el país a la “normalidad” bajo su control. Podrían retornar ahora las gigantes energéticas, reactivarse las licencias para empresas como Chevron, y un potencial regreso también de ExxonMobil y ConocoPhillips, lo que transformaría el mapa operativo interno.
Se estima que se requieren $100,000 millones de dólares y una década de trabajo para recuperar la infraestructura dañada. Sin embargo, el capital estadounidense entraría de inmediato, según la lógica de Trump, bajo la premisa, como ha sido en otros lugares, de “reparar para cobrar”, utilizando el petróleo como garantía de pago. Al alimentar las refinerías de Texas y Luisiana con crudo venezolano constante, EE.UU. incrementaría sus exportaciones de productos refinados (gasolina y diésel) hacia Europa y Latinoamérica, consolidándose no solo como productor, sino como el “hub” de refinación dominante del hemisferio occidental, avanzando así en resolver sus problemas económicos y en particular las amenazas a su moneda, el dólar.
Actualmente, la producción venezolana ronda el millón de barriles diarios (bpd). Sin embargo, la meta estratégica de EE.UU. en el corto plazo sería estabilizar y llevar la producción a 1.5 millones de bpd, rápidamente durante este año. Y en el largo Largo Plazo retornar a los niveles históricos de 3 millones de bpd. Esto inundaría el mercado con crudo que no pasaría por los controles de precios de la OPEP+, debilitando el poder de negociación de los países árabes y Rusia.
En cuanto a la decisión de Washington de capturar únicamente a Maduro y su esposa, manteniendo la estructura administrativa gubernamental de país completamente intacta, obedecería exclusivamente a un asunto de gobernabilidad. EE. UU. necesita un país bajo control, sin revueltas, sin desordenes, sin enfrentamientos, sin milicias rebeldes parapetadas en la selva, sin atentados al negocio petrolero; y los únicos que pueden, de alguna forma, garantizar que eso así ocurra, son las cúpulas de la actual administración, sobre las que existen además, justificadas sospechas de haber entregado a Maduro como parte de una negociación, de la que él puede ser parte o víctima, eso se va a despejar seguramente más adelante.
Hasta aquí todo pareciera controlado por parte de EEUU, pero La Organización de Países Exportadores de Petróleo, liderados por Arabia Saudita y Rusia, más todos los países exportadores, ven esto como una amenaza existencial a la soberanía de los recursos. Venezuela ya había advertido ante la OPEP que el despliegue militar en el Caribe era un preludio al despojo de sus reservas. Por lo tanto estos acontecimientos no representan ninguna sorpresa. La OPEP podría responder con recortes masivos de producción para forzar un aumento de precios, iniciando una guerra comercial energética abierta contra Washington para evitar que el crudo venezolano “secuestrado” sea el que dicte el precio mundial.
Como sea, estamos ante una reconfiguración del orden energético, EE. UU. ha pasado de la presión diplomática a la acción directa y salvaje de “extracción y control”. La pregunta es si la estructura venezolana remanente podrá sostener la paz social mientras el petróleo venezolano fluye libremente a raudales hacia el norte y los ciudadanos ven pasar miles y miles de barriles con rumbo a EE.UU; o si la OPEP logrará boicotear este movimiento mediante el aislamiento financiero de la nueva administración en Caracas. Qué va a pasar, por otro lado, con las deudas de Venezuela; China es su principal acreedor, y más del 80% de la producción de petróleo además, tenía hasta ahora como destino el gigante asiático. EE.UU. al mantener la estructura administrativa del país tras el ataque, lo que hace es establecer una especie de gobierno títere en Venezuela, el cual podría incluso desconocer las deudas contraídas con Pekín, argumentando que fueron acuerdos con un “gobierno ilegítimo”, dirigido por Maduro. No estando ya este en el cargo, tampoco el país estaría obligado a respetar acuerdos comprometidos por el dictador, y no por esta “renovada” administración legitimada por el mismísimo presidente de EE.UU.
Hay solo una cosa segura, esta nueva arremetida de Donald Trump, traerá más tiempos de tensiones, disputas y conflictos y no solo en nuestro continente.


