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Trump destruye lo que intenta salvar: El dólar cae a su peor nivel en 34 años.

Washington obliga al mundo a financiar su deuda billonaria bajo amenaza. China responde vendiendo bonos del Tesoro y comprando oro.

El dólar estadounidense atraviesa su mayor crisis de confianza en medio siglo. Durante el primer semestre del año pasado, el índice del dólar perdió casi un 11% de su valor, marcando su peor desempeño desde 1991. Detrás de esta caída sin precedentes se esconde una paradoja explosiva: las políticas arancelarias agresivas del presidente Donald Trump, diseñadas supuestamente para fortalecer la economía estadounidense, podrían estar acelerando precisamente lo que intentan evitar: el fin de la supremacía del dólar como moneda de reserva mundial.

La paradoja de Triffin en la era Trump

La situación actual revive un dilema económico identificado hace décadas. El sistema monetario global obliga a Estados Unidos a mantener déficits comerciales crónicos para proveer liquidez al mundo, pero estos mismos déficits erosionan la confianza en el valor del dólar. El déficit federal estadounidense alcanzó el 6,3% del PIB en 2024, mientras la deuda pública superó el 120,7% del PIB, cifras que continúan en ascenso.

Las políticas de Trump agravan esta contradicción estructural. Su proteccionismo limita la circulación internacional del dólar justo cuando la economía financiarizada estadounidense exige mayor emisión monetaria. Los aranceles afectan más de 900 mil millones de dólares en importaciones, con tasas que alcanzan el 50% para algunos países como Brasil, alterando profundamente los flujos comerciales globales.

¿Defensa económica o síntoma de declive?

Varios analistas sugieren que las acciones de Trump responden a una motivación más profunda que la mera corrección de desequilibrios comerciales. El gobierno estadounidense enfrenta una necesidad urgente de financiar su creciente déficit, y los aranceles podrían ser un mecanismo de coerción para obligar a otros países a comprar más deuda del Tesoro.

En esencia, Trump intentaría obligar a otros países a invertir en títulos estadounidenses bajo amenaza de aranceles punitivos. La estrategia busca que los socios comerciales revalúen sus monedas frente al dólar mientras adquieren bonos del Tesoro con vencimientos de hasta cien años, todo para mantener el financiamiento barato que Estados Unidos necesita desesperadamente.

Pero esta táctica tiene un costo. Por primera vez en décadas, inversores y bancos centrales están aplicando una prima de riesgo a la deuda pública estadounidense, algo impensable hasta hace poco tiempo. Los continuos ataques de Trump a la independencia de la Reserva Federal, exigiendo recortes de tasas de interés mientras amenaza con investigaciones penales contra su presidente Jerome Powell, han minado aún más la confianza institucional que sustenta el poder del dólar.

La desdolarización se acelera

La participación del dólar en las reservas globales continúa su erosión gradual pero persistente. La participación del dólar en las reservas mundiales cayó a 57,7% en el primer trimestre de 2025, desde más del 70% a principios de los años 2000. Aunque sigue siendo dominante, la tendencia es clara.

China, el principal rival geopolítico de Estados Unidos, ha tomado acciones concretas. Las tenencias chinas de bonos del Tesoro estadounidense cayeron de 1,317 billones de dólares en 2013 a 730,7 mil millones en julio de 2025, una reducción superior al 45%. Simultáneamente, Beijing acumuló oro durante 11 meses consecutivos hasta septiembre de 2025, diversificando agresivamente fuera del dólar.

Los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) están desarrollando mecanismos de comercio en monedas locales, mientras Venezuela ya vendía (antes de la invasión del mismo EEUU) el 80% de su petróleo a China en yuanes, rompiendo el sistema del petrodólar que ha sido pilar de la hegemonía estadounidense desde 1974.

Impacto económico global: ganadores y perdedores

Las consecuencias de esta transformación geoeconómica son profundas y asimétricas. La OCDE rebajó drásticamente su pronóstico de crecimiento económico para Estados Unidos en 2025 al 1,6%, advirtiendo que la incertidumbre comercial frena inversiones y debilita la confianza.

El mundo enfrenta una fragmentación de las cadenas globales de valor. Las empresas reubican producción mediante “nearshoring” hacia México y Centroamérica, mientras Europa y Asia buscan fortalecer sus propios bloques comerciales. El comercio mundial no desaparece, pero se redistribuye lejos de Estados Unidos.

Para Europa, la crisis representa tanto amenaza como oportunidad. El euro, que constituye aproximadamente el 30% de las transacciones comerciales globales, emerge como alternativa parcial. Sin embargo, la Eurozona enfrenta sus propios desafíos estructurales: deuda elevada, crecimiento estancado y fragmentación política que limitan su capacidad de reemplazar al dólar.

Chile: en el ojo del huracán de la transición energética

Para Chile, esta reconfiguración del orden económico mundial presenta un escenario complejo de oportunidades y vulnerabilidades. Como economía pequeña, abierta y altamente dependiente de exportaciones minerales, el país enfrenta exposición directa a los vaivenes del comercio global.

Fortalezas estructurales

Chile consolidó en 2024 su posición como mayor exportador mundial de cobre y carbonato de litio, minerales críticos para la electrificación planetaria y la transición energética. Las exportaciones de cobre superaron los 50.155 millones de dólares, representando el 15% del mercado global, mientras que el 78% de las exportaciones mundiales de carbonato de litio provinieron de Chile.

Esta posición estratégica se vuelve aún más relevante en un contexto de “desdolarización”. Los minerales chilenos son insumos insustituibles para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, infraestructura de energía renovable y tecnologías de almacenamiento energético. La minería explicó el 59,1% de las exportaciones totales de Chile en 2025, alcanzando retornos por 63.253 millones de dólares.

Chile mantiene ventajas comparativas importantes: posee el 41% de las reservas mundiales identificadas de litio y sus yacimientos de cobre operan con costos competitivos a escala global. Además, la red de acuerdos de libre comercio del país proporciona acceso diversificado a mercados, reduciendo la dependencia de cualquier socio individual.

Vulnerabilidades críticas

Sin embargo, las amenazas son significativas. Un dólar debilitado afecta directamente las exportaciones chilenas, que están mayoritariamente denominadas en la divisa estadounidense. Aunque esto puede hacer los productos chilenos más competitivos en términos relativos, también reduce los ingresos fiscales cuando se convierten a moneda local.

La volatilidad extrema en los mercados de divisas y commodities genera incertidumbre para la planificación de inversiones mineras de largo plazo, que requieren miles de millones de dólares y horizontes de décadas. La producción de cobre de Chile se mantiene en torno a 5,5 millones de toneladas, mientras la demanda global continúa creciendo.

El litio presenta un panorama particularmente complejo. Las exportaciones de litio cayeron a 1.903 millones de dólares en 2025, debido principalmente al colapso de precios desde los máximos de 2022. Aunque los volúmenes exportados aumentaron 26% interanual, la contracción del 58% en precios evidencia la sobreoferta global y la sensibilidad del mercado a ciclos especulativos.

Si la guerra comercial se intensifica y el dólar pierde más terreno, Chile podría enfrentar tres escenarios distintos:

Escenario optimista: China emerge como potencia económica dominante alternativa y aumenta masivamente sus importaciones de cobre y litio chileno para alimentar su transición energética acelerada. Chile negocia acuerdos comerciales denominados parcialmente en yuanes, reduciendo exposición al dólar. Los precios de commodities se mantienen elevados por demanda sostenida.

Escenario intermedio: El mundo evoluciona hacia un sistema multipolar con varias monedas de reserva (dólar, euro, yuan). Chile diversifica sus mercados de exportación y monedas de denominación, desarrollando mayor valor agregado en la cadena productiva minera. Se establecen mecanismos regionales de comercio en Latinoamérica.

Escenario pesimista: La fragmentación económica global desencadena una recesión mundial. La demanda por minerales industriales colapsa temporalmente. Chile, altamente dependiente de exportaciones, sufre contracción severa del PIB. La sobreoferta de litio mantiene precios deprimidos por años.

La clave para Chile radica en la diversificación estratégica: de mercados destino, de productos exportados, de denominaciones monetarias en contratos, y de socios comerciales. El país debe acelerar inversiones en industrialización de sus recursos minerales, desarrollando capacidades de procesamiento avanzado que capturen mayor valor agregado antes de la exportación.

¿Puede el dólar realmente perder su hegemonía?

A pesar de la erosión evidente, expertos advierten contra pronósticos apocalípticos prematuros. El dólar desempeña un papel fundamental en el sistema financiero mundial y “realmente no hay alternativas” comparables, señalan desde JPMorgan Private Bank.

Ninguna otra moneda ofrece la combinación única del dólar: mercados de capitales profundos y líquidos, marco legal transparente, convertibilidad completa y una economía diversificada de 29 billones de dólares. El euro enfrenta riesgos de fragmentación interna, el yuan permanece sujeto a controles de capital y carece de transparencia institucional, mientras que el oro y las criptomonedas no pueden cumplir funciones de medio de intercambio a escala global.

Lo más probable es una transición gradual hacia un sistema multipolar donde el dólar mantiene predominancia pero comparte espacio con otras divisas. Este proceso tomaría décadas, no años, dada la inercia institucional del sistema financiero mundial.

Conclusión: el mayor riesgo es la incertidumbre

Paradójicamente, las políticas de Trump podrían lograr exactamente lo contrario de sus objetivos declarados. Al erosionar la confianza institucional en la Reserva Federal, amenazar arbitrariamente a aliados con sanciones, e imponer aranceles erráticos sin coherencia estratégica, la administración estadounidense está acelerando la búsqueda global de alternativas al dólar.

Para Chile y otros países exportadores de materias primas críticas, el mensaje es claro: prepararse para un mundo económico más fragmentado, volátil e impredecible. La diplomacia comercial diversificada, los acuerdos en múltiples monedas, la agregación de valor industrial y la integración regional latinoamericana dejan de ser opciones para convertirse en imperativos de supervivencia económica.

La verdadera pregunta no es si el dólar perderá su estatus de moneda de reserva mundial, sino qué tipo de orden monetario global emergerá en su reemplazo, y cuánto costará la transición en términos de crecimiento económico, empleo y estabilidad social. La respuesta se escribirá en los próximos años, y Chile debe estar preparado para navegar aguas turbulentas.

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