La Corte Suprema de EE.UU. anula la mayoría de aranceles globales de Donald Trump emitió este 20 de febrero de 2026 una sentencia histórica que deja sin sustento legal —por 6 votos contra 3— la base principal de la ofensiva arancelaria de la administración Trump en materia de comercio exterior. La Corte determinó que el presidente excedió su autoridad al imponer una batería de aranceles generales bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), norma que no faculta al Ejecutivo a fijar tarifas aduaneras amplias sin aprobación del Congreso.
Con esta decisión los llamados aranceles “recíprocos” —que gravaban con al menos un 10 % a la mayoría de las importaciones globales, incluidos grandes socios comerciales— quedan invalidados.
Aunque quedan fuera de esta sentencia otros gravámenes específicos (como los aplicados a acero, autos y aluminio), la victoria legal es vista como la derrota más significativa de Trump desde su regreso al poder.
Este fallo podría también abrir la puerta a reclamos de devolución por parte de importadores que pagaron aranceles considerados ahora ilegales —según estimaciones, las sumas sujetas a reembolso podrían superar los US$175 mil millones.
Respuesta de la Casa Blanca: Arancel del 10 % y Nuevas Estrategias Comerciales
Tras el fallo, el presidente **Donald Trump anunció la firma de un nuevo arancel global del 10 % sobre la mayoría de los bienes importados, esta vez bajo una autoridad diferente —la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974— que permite imponer tarifas temporales por razones de balanza de pagos sin necesidad de pasar por el Congreso.
El mandatario calificó el fallo como “decepcionante” y lanzó críticas directas contra el Tribunal, al tiempo que defendió su uso continuo de los gravámenes como herramientas para “proteger la seguridad nacional” y enfrentar prácticas comerciales que, según él, perjudican a EE.UU.
Analistas advierten que esta táctica podría generar nuevos frentes de disputa comercial, prolongar la incertidumbre en mercados globales y mantener presiones inflacionarias sobre cadenas de suministro internacionales —con efectos especialmente sensibles para países en desarrollo.
Qué Significa Esto para América Latina
Comercio y Flujo de Exportaciones
Para América Latina, la eliminación de los aranceles generales impuesta por la Corte puede: Reducir el costo de exportaciones hacia EE.UU., que se había encarecido por la política arancelaria unilateral.
Reactivar cadenas de suministro regionales afectadas por la incertidumbre y las represalias en mercados como México, Perú o Brasil.
Podría impulsar actividades exportadoras de bienes no sujetos a otros gravámenes específicos.
Sin embargo, la nueva tasa global del 10 % anunciada por Trump reintroduce un elemento de riesgo: aunque más “legal” en términos técnicos según la Casa Blanca, sigue siendo un impuesto adicional, que encarece productos importados desde América Latina sin diferenciar por tratados o lazos comerciales cercanos. Esto podría, por ejemplo, presionar los precios de insumos y bienes finales que llegan a la región.
Países con tratados vigentes —como México o Chile, con TLC vigentes— deberán reforzar la interlocución diplomática para garantizar que estos acuerdos se respeten plenamente frente a nuevas interpretaciones de la Sección 122.
Una Encrucijada Estratégica para Latinoamérica
El fallo de la Corte Suprema de EE.UU. y la posterior respuesta política de la Casa Blanca no sólo remodelan la política comercial estadounidense interna, sino que también obligan a América Latina —incluido Chile— a revaluar sus estrategias de inserción en la economía global.
Principales riesgos y desafíos:
Incertidumbre prolongada sobre gravámenes que afectan el comercio exterior.
Necesidad de reforzar marcos multilaterales y mecanismos de defensa comercial.
Gestión diplomática compleja ante señales de presión sobre infraestructura clave.
Riesgo de escalada en barreras no arancelarias disfrazadas de “seguridad nacional”.
Oportunidades potenciales:
Reconfiguración de rutas de comercio y cadenas de valor más resilientes.
Impulso a acuerdos regionales y cooperación tecnológica autónoma.
Estas tensiones pueden incentivar a países latinoamericanos a explorar nuevos alineamientos estratégicos fuera de la órbita única de Washington.


