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La fallida apuesta internacional de las AFPs que golpea los fondos de pensiones: pérdidas alcanzan los US$ 7.700 millones

Los instrumentos financieros destinados a elevar la rentabilidad tras la pandemia se volvieron en contra del sistema previsional chileno tras el repunte de la inflación global.

El sistema previsional chileno enfrenta una encrucijada financiera de proporciones históricas. Las siete Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) del país acumulan pérdidas valorizadas en US$ 7.700 millones al mes de septiembre, producto del giro adverso en sus apuestas sobre los tipos de interés en Estados Unidos y la entrada en vigor de regulaciones más estrictas.

Origen de la estrategia: del beneficio al impacto global
En los últimos dos años, para mitigar el impacto de los retiros excepcionales de la pandemia y elevar la rentabilidad de las carteras, las AFP contrataron masivamente instrumentos derivados financieros conocidos como swaps. Bajo este esquema, las administradoras recibían un rendimiento fijo a cambio de pagar un tipo variable ligado a las tasas estadounidenses, confiando en que el ciclo de recortes de la Reserva Federal mantendría el costo bajo control.

Inicialmente, el mecanismo funcionó: permitió que el Fondo E (el de perfil más conservador) lograra un retorno de 7,5% el año pasado. Sin embargo, el panorama dio un vuelco drástico. Las crecientes tensiones geopolíticas en Medio Oriente impulsaron el petróleo por sobre los US$ 100 el barril, reavivando la inflación global. Ello provocó una venta masiva de bonos soberanos de EE. UU. y llevó el rendimiento del Tesoro a máximos no vistos en 24 años, obligando a la Fed a endurecer nuevamente su política monetaria.

El efecto pinza: mercado adverso y presión regulatoria
El cambio de escenario sorprendió a las gestoras con un nivel de exposición extremo: según análisis de Citigroup, por cada punto básico que subían las tasas en EE. UU., los fondos de pensiones asumían una fluctuación en contra de hasta US$ 131 millones (frente a los US$ 10,6 millones de inicios de 2024).

Ante este riesgo sistémico, la Superintendencia de Pensiones fijó en abril un nuevo marco normativo que limita la exposición en derivados, estableciendo un límite impostergable para el 4 de noviembre.

Este cruce de factores generó una tenaza financiera:

Pérdida de valor de mercado: El saldo positivo de US$ 1.400 millones registrado hace doce meses se convirtió en un saldo negativo de US$ 7.700 millones en septiembre.

Costo de rescisión: Para ajustarse a la norma antes del plazo límite, las AFP se ven obligadas a deshacer de forma acelerada sus contratos con bancos globales como Citigroup y Bank of America, asumiendo el costo de liquidación a los precios actuales del mercado.

Efectos en la rentabilidad de los afiliados
La deshinchada de las posiciones se ha reflejado de forma directa en los fondos más vulnerables. El Fondo E retrocede en promedio un 10,4% en lo que va del año (con un desplome del 4,9% solo en septiembre). En tanto, los fondos C y D, que concentran cerca del 50% del patrimonio del sistema, sufrieron caídas mensuales del 3,1% y 4,2% respectivamente durante el mismo período.

A pesar del impacto, el ente regulador precisó que las AFP han ajustado progresivamente gran parte de las posiciones excedentes —reduciendo el monto nocional de US$ 700.000 millones a unos US$ 525.000 millones— e insistió en que las administradoras deben actuar con la máxima diligencia para resguardar el patrimonio de sus afiliados en el tramo final de este proceso.

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