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Ministro Arrau y su «no es un funeral de alto riesgo» mientras Quilicura ardía

La autoridad descarta fallas de planificación y califica el violento velorio como «no previsible en su magnitud», pese a que fue convocado en redes sociales y denunciado por los vecinos.

El ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau, salió a explicar lo inexplicable: por qué no hubo un despliegue policial preventivo ante el violento velorio simbólico que transformó la noche de Quilicura en un campo de batalla durante casi dos horas, con percusión de ráfagas de disparos, lanzamiento de fuegos artificiales y la quema de un vehículo. Su respuesta fue que el evento era imprevisible. «Si se hubiera sabido… hubiéramos tomado las providencias del caso», afirmó, dejando flotando en el aire la pregunta de por qué, entonces, no se supo.

La secuencia de los hechos, reconstruida a partir de las propias declaraciones de la autoridad, resulta reveladora. La alcaldesa Paulina Bobadilla tuvo que tomar contacto con el seremi de Seguridad, Juan Andrés Barrientos, tras recibir las denuncias de los vecinos. Es decir, el flujo de información no se originó en la inteligencia estatal, sino en la desesperación de una comunidad bajo fuego. Recién entonces, y no antes, concurrieron equipos especializados del GOPE y de Control de Orden Público. La reacción, como admite el ministro, fue posterior a los hechos denunciados.

El argumento oficial se sostiene sobre una distinción técnica: aquello no era un «funeral de alto riesgo». El cuerpo de la víctima, un joven de 20 años, aún permanecía en el Servicio Médico Legal. Por lo tanto, razona Arrau, no se activó el protocolo correspondiente. Sin embargo, esta precisión forense choca con la realidad de un «velorio simbólico» que había sido convocado en redes sociales. El ministro reconoce que las policías monitorean «cientos de convocatorias diarias», pero admite que, en este caso, la evaluación de riesgo no arrojó la alerta necesaria. La pregunta que surge es incómoda: si el Estado monitorea cientos de convocatorias, ¿por qué la que terminó en disparos, fuegos artificiales y un vehículo incendiado no encendió ninguna alarma?

La explicación del secretario de Estado se apoya en la magnitud de lo ocurrido. «Son situaciones que no son previsibles en la magnitud», sostuvo, descartando fallas en la planificación. Pero la crítica no apunta a la capacidad de predecir el número exacto de disparos, sino a la incapacidad de prever el riesgo evidente de un homenaje callejero en un contexto de violencia. La autoridad se escuda en lo inesperado, pero los vecinos y la propia alcaldesa ya habían advertido lo que se venía. El conocimiento existía; lo que faltó fue la acción.

Finalmente, el ministro anunció que, una vez que el SML entregue el cuerpo, se podrá aplicar el protocolo de funerales de alto riesgo. La medida llega tarde para la noche de Quilicura, pero deja una interrogante crucial: si el protocolo se puede aplicar al funeral real, ¿por qué no se anticipó el riesgo del velorio simbólico? La explicación del ministro, más que aclarar, profundiza la sensación de que el Estado no supo leer las señales de una tragedia que se anunciaba. La pregunta ya no es si se hubieran tomado las providencias del caso, sino por qué no se tomaron cuando la información ya estaba sobre la mesa.

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