Política exterior a la deriva: El Congreso asume la diplomacia ante la inacción de la Cancillería
La fragilidad de la gestión de Francisco Pérez en el Edificio Carrera detonó una respuesta parlamentaria transversal para defender la soberanía en el Sur
Chile pasó de ostentar una de las cancillerías más profesionales, influyentes y respetadas de la región a acumular, en cuestión de pocos meses, un catálogo de traspiés y omisiones sin precedentes desde el retorno a la democracia. La crisis de la diplomacia bajo la administración de José Antonio Kast ya no se limita a un debate académico ni a un traspié meramente formal: el verdadero impacto radica en los costos tangibles que el país empieza a pagar por haber transformado su política exterior en un foco de incertidumbre y vulnerabilidad.
El caso del Estrecho de Magallanes ha dejado al descubierto el vacío de poder y la falta de conducción que imperan en el Edificio Carrera. Ante las persistentes e inaceptables pretensiones territoriales emitidas desde Buenos Aires —donde voceros parlamentarios como la senadora Patricia Bullrich y mandos militares como el jefe del Estado Mayor de la FACh trasandina, Gustavo Valverde, han llegado a cuestionar públicamente la soberanía chilena sobre el paso bioceánico—, la respuesta institucional de la Cancillería chilena ha resultado tan tibia e ineficaz que el resto de los poderes del Estado se ha visto en la obligación de reaccionar por cuenta propia.
En un hecho inédito que evidencia la pérdida de hegemonía del Ministerio de Relaciones Exteriores en el manejo del frente externo, la Cámara de Diputadas y Diputados debió articular un acuerdo unánime y transversal —que abarca desde el Frente Amplio hasta el Partido Republicano— para enviar directamente una nota de «molestia» al Parlamento argentino. Que el Poder Legislativo tenga que asumir la interlocución de la protesta diplomática ante las provocaciones del país vecino no es un triunfo de la política multipartidista, sino el síntoma de una Cancillería reducida a la irrelevancia operativa.
Esta suplencia parlamentaria se suma a la previa irrupción del Ministerio de Defensa y de la propia Armada, cuyos mandos y autoridades tuvieron que salir a marcar la cancha geopolítica para reafirmar de manera contundente la intangibilidad de los tratados internacionales y la soberanía sobre Magallanes.
El deterioro institucional no ha pasado desapercibido en el Parlamento. Con una interpelación parlamentaria ya aprobada contra el canciller Francisco Pérez por su cuestionado manejo ante el escenario de aranceles estadounidenses y la acumulación de roces fronterizos, el diagnóstico transversal es claro: la política exterior chilena dejó de ser un activo estratégico de desarrollo para convertirse en un problema de seguridad y prestigio nacional que otros deben entrar a remediar.
