El duelo que define quién manda en Sudamérica: la sombra de Trump sobre el voto brasileño
Flávio Bolsonaro promete alinear a Brasil con Washington y el «Escudo de las Américas». Lula se juega su último mandato y la autonomía de la región en una elección que puede reconfigurar el mapa político continental.
Brasil llega al balotaje del 25 de octubre con la elección más reñida desde su retorno a la democracia. Lo que las encuestas anticipaban como una ventaja cómoda para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se transformó, tras el escrutinio del 4 de octubre, en una ventaja de 1,9 puntos para el senador Flávio Bolsonaro (47,03% frente a 45,16%) . La diferencia, inferior a dos puntos, activó todas las alarmas en el oficialismo y consolidó una tendencia regional: siete elecciones latinoamericanas consecutivas desde 2025 han coronado a candidatos de derecha.
Las últimas mediciones de intención de voto, aunque dispersas, coinciden en un escenario de empate técnico. Mientras la encuestadora Quaest otorga a Bolsonaro 45% y a Lula 44%, Datafolha proyecta un 51% a 49% en votos válidos, ambos dentro del margen de error . Los mercados de predicción, como Polymarket, inclinan la balanza hacia el senador con una probabilidad del 77%, aunque un modelo de simulación de El País reduce esa ventaja a un 70% frente a un 30% para Lula . La incertidumbre, por tanto, sigue siendo la única certeza.
Tres claves para leer la contienda
1. La ola derechista y el factor Trump. La elección brasileña no se decide solo en Brasilia. Un triunfo de Flávio Bolsonaro consolidaría el giro derechista iniciado en Argentina con Javier Milei y continuado en Chile con José Antonio Kast, configurando lo que analistas denominan el mayor esfuerzo por reducir el tamaño del Estado en la región desde las reformas neoliberales de los noventa. El candidato propone un ajuste fiscal equivalente al 1,5% del PIB, la movilización de militares contra el crimen organizado y cárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo salvadoreño de Nayib Bukele. En política exterior, su alineamiento con Washington es explícito: busca integrar a Brasil al llamado «Escudo de las Américas», una coalición de 14 países promovida por la Casa Blanca para combatir el narcotráfico y asegurar cadenas de suministro de minerales críticos, especialmente tierras raras, en el pulso global con China.
La administración de Donald Trump ha sido señalada por la campaña de Lula de incurrir en una injerencia velada: desde aranceles comerciales sin justificación económica hasta la inclusión de facciones criminales brasileñas en listas terroristas tras una visita del senador a la Casa Blanca . Washington niega las acusaciones, pero el episodio revela hasta qué punto el resultado brasileño afecta los intereses hemisféricos estadounidenses.
2. El último acto de Lula. A sus 80 años y tras una carrera que lo llevó de tornero mecánico a líder sindical y tres veces presidente, Lula enfrenta la elección más difícil de su historia. Nunca antes había llegado a una segunda vuelta en desventaja. Su campaña ha pivoteado hacia anuncios sociales de último momento —la reducción de la jornada laboral a 40 horas sin recorte salarial, la condonación de deudas a microempresarios y la gratuidad del transporte público los fines de semana— para movilizar a su base y revertir la pérdida de apoyos entre clases medias urbanas . La historia electoral brasileña, sin embargo, no le es favorable: ningún candidato ha remontado una derrota en primera vuelta desde 1989 . Si gana, sería la excepción que confirma la regla; si pierde, la izquierda latinoamericana perderá su referente más longevo y simbólico.
3. El impacto ambiental y regional. La Amazonia está en juego. Durante el actual gobierno de Lula, la deforestación cayó al nivel más bajo en casi cuatro décadas. Un giro hacia Bolsonaro, heredero político de Jair Bolsonaro —cuyo mandato coincidió con un aumento de la destrucción selvática—, podría revertir esa tendencia y afectar compromisos climáticos globales. La Evaluación de la Declaración Forestal advirtió que los cambios políticos en Colombia, Perú y Brasil amenazan la protección de bosques en países que habían liderado avances recientes.
El estado de la campaña: acusaciones cruzadas y judicialización
La recta final estuvo marcada por la tensión. Lula calificó a su rival de «miliciano» y alertó sobre el riesgo para la democracia; Flávio Bolsonaro acusó al presidente de «comprar votos» con promesas electorales . El intercambio derivó en frentes judiciales: Lula autorizó voluntariamente la apertura de sus sigilos bancarios y telefónicos, desafiando a Bolsonaro a hacer lo mismo en medio de cuestionamientos por presuntos vínculos con un empresario vinculado al caso Banco Master . Paralelamente, el PT presentó una acción por abuso de poder político tras declaraciones de un senador aliado que prometió emendas parlamentarias a municipios con alta votación por Bolsonaro.
En el plano legislativo, la aprobación de la reforma que reduce la jornada laboral —respaldada incluso por el Partido Liberal de Bolsonaro ante la presión social— dio a Lula un triunfo simbólico de último minuto. Su campaña también apostó por una intensa movilización digital, con un canal de WhatsApp que superó los 10 millones de usuarios en días .
La pregunta final
Brasil elige entre dos modelos contrapuestos de Estado, de inserción internacional y de relación con la democracia. La diferencia es mínima, la abstención en primera vuelta fue récord (21%), y el resultado podría definirse por márgenes que las encuestadoras ya demostraron no saber anticipar con precisión. Lo que está en juego trasciende las fronteras brasileñas: la configuración política de Sudamérica, la autonomía frente a Washington y el futuro de la mayor selva tropical del planeta.
