La política exterior de un Estado no puede ser el patio de recreo de las afinidades personales, y mucho menos el escenario para que un presidente debute en la arena internacional exhibiendo una sumisión que raya en la negligencia. Lo ocurrido este 6 de abril en la Casa Rosada no es solo un gesto de cortesía diplomática; es, en términos técnicos y geopolíticos, un error de lesa patria.
José Antonio Kast ha decidido que su urgencia por pertenecer al club de la “nueva derecha” regional es más importante que la integridad territorial de Chile. En un afán casi desesperado por validarse ante Javier Milei —quizás el único aliado de peso que le queda en el vecindario—, Kast ha estampado la firma de Chile en una declaración que dinamita décadas de defensa técnica y jurídica de nuestra soberanía marítima.
El anzuelo de los “espacios marítimos circundantes”
El punto de quiebre es técnico, pero sus consecuencias son geográficas. En el comunicado conjunto, Kast no solo respaldó el reclamo argentino sobre las Islas Malvinas (una postura histórica y razonable), sino que incluyó las Islas Sandwich del Sur y sus “espacios marítimos circundantes”.
Aquí reside la trampa que la Cancillería chilena, en un acto de incompetencia supina o de desidia ideológica, decidió ignorar:
- La superposición: Argentina busca extender su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas. Al aceptar el concepto de “espacios circundantes” sin salvaguardas, Chile está validando una proyección que se superpone directamente sobre la Zona Austral, las Islas Diego Ramírez y el Territorio Antártico Chileno.
- El cheque en blanco: Al “copiar y pegar” las pretensiones territoriales argentinas, el gobierno de Kast le ha entregado a Buenos Aires la herramienta legal para decir que Chile ya no objeta su avance hacia el suroeste.
“Magallanes espera una aclaración. La proyección de esos espacios se superpone con nuestro territorio”. > — Senador Alejandro Kusanovic, alertando sobre el riesgo inminente.
Una Cancillería amateur y una soberanía “low cost”
Es alarmante que un gobierno que llegó al poder con la promesa de “orden y patria” sea el primero en ceder terreno —literalmente— ante la primera palmada en la espalda de un mandatario extranjero. La inexperiencia del equipo diplomático de Kast ha quedado al desnudo. Mientras Milei juega una partida de ajedrez geopolítico para consolidar su “Mapa Bicontinental”, Kast parece estar jugando a las visitas de cortesía entre amigos.
A diferencia de la administración anterior, que en 2021 reaccionó con firmeza declarando “inoponible” la ley argentina de plataforma continental, el actual Ejecutivo parece haber optado por la claudicación silenciosa. ¿Es esta la “nueva forma de hacer política”? ¿Regalar la proyección antártica a cambio de una foto sonriente en la Casa Rosada?
El peligro de la diplomacia del “espejo”
El narcisismo ideológico es un mal consejero para la seguridad nacional. Kast ve en Milei un espejo, un referente y un salvavidas político. Esa dependencia emocional y política lo ha llevado a actuar con una docilidad pasmosa. En Buenos Aires, no vimos a un Jefe de Estado defendiendo los intereses de Chile; vimos a un correligionario buscando la bendición de su par argentino.
Los hechos son contundentes:
- Se ignoró el mecanismo de solución de controversias del Tratado de Paz y Amistad de 1984.
- Se validaron conceptos que Argentina usa para vestir de legalidad su expansión sobre mares chilenos.
- Se desprotegió a la Región de Magallanes y a nuestra proyección hacia el Polo Sur.
Conclusión: El costo de la “amistad”
Chile no puede permitirse un Presidente que confunda la diplomacia con el activismo partidario. La soberanía no se negocia, ni se regala en comunicados redactados con ligereza. Si Kast no es capaz de distinguir entre sus afectos personales por el proyecto de Milei y su deber sagrado de resguardar el mapa de la República, entonces el país se enfrenta a un escenario de vulnerabilidad estratégica sin precedentes.
La Cancillería debe rectificar de inmediato. De lo contrario, este viaje no será recordado como un hito de “libertad y cooperación”, sino como el día en que Chile, por una foto, empezó a perder su mar.


