El pulso por el cable transpacífico: Beijing acusa a EE. UU. de ejercer «un neocolonialismo hegemónico» sobre Chile y América Latina
Tras la cancelación de licencias tecnológicas y presiones diplomáticas desde Washington, el embajador chino Niu Qingbao arremete contra la intromisión norteamericana, denunciando chantajes con visados y la vigencia encubierta de la Doctrina Monroe.
La disputa por la influencia sobre América Latina sumó esta semana un capítulo inusualmente directo. El embajador de la República Popular China en Santiago, Niu Qingbao, publicó en El Mercurio una carta titulada «Algunos en Estados Unidos se creen el ‘emperador’ de América Latina», en la que acusa a Washington de dictar órdenes a los gobiernos de la región, de presionarlos para frenar su cooperación con Beijing y de arrogarse el derecho a decidir con quién puede asociarse cada país en sectores considerados estratégicos.
El diplomático fue explícito sobre el origen de su molestia: voces oficiales estadounidenses habrían calificado recientemente de «tontería» la idea de que un país latinoamericano mantenga equilibrio entre ambas potencias, exigiendo en cambio que se limite el vínculo con China. Para Qingbao, esa actitud no es nueva —»no es la primera vez que Washington se erige como dueño de América»—, pero calificó el tono de «engañoso e hipócrita».
El giro discursivo: de la defensa a la acusación directa
Lo distintivo de esta carta no es solo la respuesta a las críticas de Washington, sino el giro hacia la ofensiva. El embajador sostiene que China desarrolla sus vínculos con la región «sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y el beneficio compartido», sin imponer una lógica de «China first» ni recurrir jamás a la intimidación o la coerción. El contraste que traza a continuación es total: a su juicio, es Estados Unidos —y no Beijing— la principal amenaza para los intereses de desarrollo de la región.
«La mayor fuente de daño a la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de América Latina es precisamente el propio Estados Unidos», sostuvo el embajador chino.
Aranceles pese al superávit y al TLC bilateral
En el plano comercial, Qingbao apunta a una contradicción concreta: Washington exige a sus socios latinoamericanos «creer» en su compromiso comercial, pero impuso un arancel de 12,5% a los productos chilenos pese a mantener superávit comercial con Chile y un Tratado de Libre Comercio vigente desde hace más de dos décadas. Según el diplomático, la justificación oficial —invocando «reciprocidad» y supuesto «trabajo forzoso»— busca frenar la cooperación entre China y la región sin que Estados Unidos logre igualar las ventajas chinas en capacidad industrial, tecnológica y de acceso al mercado.
El cable submarino: el punto más sensible de la disputa
El episodio que el embajador usa como prueba central es el proyecto de cable submarino entre Chile y China, cuestionado por Washington por presuntos riesgos de espionaje. Qingbao explica que la empresa china construiría la infraestructura física, mientras que el almacenamiento y administración de los datos quedaría en manos del futuro operador —una distribución que, sostiene, no es distinta a la del cable Humboldt, cuyo propietario y usuario es Google. Según su versión, la Subtel solo había otorgado una licencia de servicios intermedios de telecomunicaciones, primer paso de trece, la que luego fue revocada «bajo presión y coacción de EE.UU.». Calificó de «pura patraña» la idea de que el proyecto estuviera cerca de aprobarse.
El diplomático fue más allá y vinculó ese episodio con las sanciones de visa aplicadas por Washington contra autoridades chilenas y sus familiares por su rol en las gestiones del cable, a las que calificó de «matonería del hegemonismo contra individuos». Ironizó, además, con que el cuestionado historial de ciberseguridad de Estados Unidos no le impide avanzar en paralelo con nuevos cables submarinos en la región de la mano de Google.
Bases militares, narcotráfico y la Doctrina Monroe
En el terreno de la seguridad, la carta despliega la crítica más dura. Qingbao acusa a Washington de «codiciar territorios ajenos», derribar gobiernos, mantener intervención armada y aplicar sanciones unilaterales, ignorando la proclamación de América Latina y el Caribe como zona de paz mientras impulsa la militarización de la región. Sostiene también que Estados Unidos es el mayor consumidor mundial de drogas y la principal fuente de armas ilegales que llegan al continente, y que permite la proliferación de medicamentos recetados y marihuana puertas adentro, mientras exige a otros países combatir el narcotráfico para —según su expresión— «encubrir su propia vergüenza».
«El espionaje, las bases militares y las intervenciones que EE.UU. lleva a cabo en la región son para que América Latina sea un ‘patio trasero’ más seguro según la Doctrina Monroe», cuestionó el embajador.
El cierre: un llamado directo a Washington
La carta concluye con un emplazamiento sin matices: «Creo que a EE.UU. se le ha hecho mala costumbre creerse el ‘emperador’ de América». Qingbao instó a Washington a «dejar de interferir en el derecho soberano de los países a elegir sus socios» y a «contribuir con hechos concretos a la prosperidad y estabilidad de América Latina y el Caribe».
El texto se difunde en un momento en que la administración estadounidense ha intensificado su presión comercial y diplomática sobre varios países de la región, incluido Chile, en el marco de una disputa más amplia por el control de infraestructura crítica, minerales estratégicos y tecnología de punta. La carta de Qingbao —publicada en un medio de referencia del establishment chileno y replicada de inmediato por otros medios— marca un cambio de tono: Beijing, que históricamente evitaba confrontar públicamente a Washington en territorio latinoamericano, opta ahora por una respuesta pública, nominal y sin eufemismos.
