ActualidadNacionalPolítica

De la salida forzada del Mindep al Segundo Piso de La Moneda: el reciclaje relámpago de Kast a Natalia Ducó

A 24 días de dejar el Mindep por el escándalo del auto fiscal, la exlanzadora de bala se instala en el círculo de máxima confianza del gobierno.

Natalia Duco no alcanzó a acumular un mes fuera de La Moneda. Renunció al Ministerio del Deporte el 14 de agosto, envuelta en una polémica por el uso de un automóvil fiscal. Menos de un mes después, la propia sede de Gobierno confirmó su retorno al núcleo del Ejecutivo: Duco se integrará al Segundo Piso, el círculo de asesores directos de José Antonio Kast, bajo la conducción de Alejandro Irarrázaval.

El movimiento se produce, además, en un curioso enroque: quien asumió como ministro del Deporte tras su salida, Francisco Riveros, era hasta entonces integrante de ese mismo Segundo Piso al que ahora llega Duco.

En el cambio de gabinete de agosto, Kast evitó dramatizar la salida de su entonces ministra: agradeció públicamente su entrega y su lealtad, describió la decisión de exonerarla como dolorosa y restó gravedad al episodio del auto fiscal calificándolo como “un error que cualquiera puede cometer”. Ese blindaje discursivo hoy se traduce en la práctica en su rápida reincorporación.

El nombramiento reabre una discusión que ya había surgido en enero, cuando Kast la designó ministra del Deporte: ¿cuál es, exactamente, la o las credenciales que habilitan a Natalia Duco para ocupar un puesto de asesoría presidencial en el corazón del Ejecutivo? Duco es psicóloga de profesión y, sobre todo, una de las lanzadoras de bala más longevas del atletismo chileno, con un octavo lugar en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como su mejor resultado deportivo.

Lo que no figura en ese currículum es experiencia previa en gestión pública, administración del Estado, política de partidos o manejo de equipos de gobierno anterior a su llegada al Mindep hace apenas cinco meses. A eso se suma un antecedente que desde el propio ámbito deportivo no han dejado de recordar: en 2018 dio positivo por doping, y el Tribunal de Expertos en Dopaje la sancionó con tres años de suspensión, lo que en la práctica dio por terminada su carrera deportiva. Referentes del propio atletismo, como el histórico Gert Weil, ya habían advertido en enero que ese antecedente “nos deja muy mal parados” a nivel internacional, y recordaron que la deportista jamás mostró arrepentimiento público ni reconoció haber cometido una falta.

El blindaje del gobierno y el «valor» de la experiencia

Frente al cuestionamiento público y a las críticas por el uso recurrente de la «sillita musical» en el aparato estatal, los voceros de la extrema derecha salieron a justificar la medida mediante argumentaciones que apelan al extremo ingenio para maquillar el favorecimiento político.

El presidente del Partido Republicano, el senador Arturo Squella, intentó respaldar el fichaje asegurando que Duco desarrolló un trabajo clave que no se podía desperdiciar, declarando textualmente:

“Ella estaba haciendo un trabajo desde el punto de vista de la organización interna de los recursos y particularmente en la fiscalización en el mal uso de recursos, que dejar ir toda esa información, toda esa experiencia, era un tremendo error”.

La defensa resulta contradictoria e insostenible al contrastarla con los hechos: la propia Duco debió abandonar el gabinete precisamente tras verse acorralada por el mal uso de un vehículo fiscal para actividades privadas. Que la cúpula oficialista atribuya «experiencia en fiscalización de recursos» a una autoridad destituida por incurrir en esa misma falta refleja el nivel de desfachatez discursiva con que la se intenta justificar la reinstalación de sus cuadros, bajo el aparente convencimiento de que la ciudadanía carece de memoria o capacidad crítica.

Reciclaje político en el núcleo de poder

La clave para entender el fichaje de Duco evidentemente no está en su hoja de vida, sino en una lógica de lealtad personal y de control de daños políticos: Duco fue una de las caras visibles y mediáticas del primer gabinete, Kast la defendió públicamente incluso al momento de removerla, y su reincorporación —lejos de la primera línea ministerial, pero dentro del círculo de máxima confianza— le permite al Mandatario mantenerla cerca sin exponerla de nuevo a la responsabilidad administrativa que la hizo tropezar con la Contraloría.

Existe un antecedente reciente dentro del propio Segundo Piso: Andrés Jouannet, quien dejó la Subsecretaría de Seguridad tras el llamado “reseteo” de esa cartera, fue incorporado posteriormente al mismo equipo de asesores que lidera Alejandro Irarrázaval, igual que Duco ahora, para entregar asesoría directa supuestamente al Presidente en materias de seguridad.

El paralelismo es evidente: en ambos casos, un personero que sale de un cargo en medio de un ajuste o una controversia no desaparece del radar del Gobierno, sino que es “reciclado” hacia el círculo asesor presidencial, un espacio de menor exposición pública pero de alta cercanía con el poder de decisión. El Segundo Piso, en la práctica, funciona como una zona de aterrizaje blando para figuras que Kast no está dispuesto a soltar del todo, aunque su salida del gabinete formal haya sido inevitable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *