Hay un químico que la mayoría de los chilenos nunca ha escuchado nombrar, pero que sostiene silenciosamente cerca del 20% de la producción nacional de cobre. Se llama ácido sulfúrico, y China —su mayor productor y exportador mundial— acaba de comunicar que dejará de exportarlo a partir de mayo de 2026. La noticia, que circuló primero en Bloomberg y fue confirmada el 10 de abril por múltiples medios especializados, ya encendió las alarmas en los mercados internacionales y pone a Chile ante uno de los escenarios de vulnerabilidad industrial más serios de la última década.
Qué es y para qué sirve
El ácido sulfúrico no es un insumo secundario. Es el componente central del proceso de lixiviación, técnica mediante la cual las mineras disuelven los minerales oxidados de cobre —los que no pueden procesarse por métodos convencionales— para extraer el metal en solución y recuperarlo como cátodo de alta pureza. Sin ácido sulfúrico, esas operaciones simplemente se detienen. China produce más del 40% del ácido sulfúrico del mundo, siendo el mayor productor y exportador del planeta. El insumo es además indispensable para fabricar fertilizantes fosfatados, lo que convierte esta decisión en una amenaza simultánea para la minería y para la seguridad alimentaria global.
Por qué lo hace China: razones declaradas y razones de fondo
La justificación oficial de Pekín es preservar el abastecimiento doméstico durante la temporada de siembra de primavera. El economista jefe para la Gran China del banco ING sostuvo que la intención sería asegurar el suministro de fertilizantes, en riesgo por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, añadiendo que para Pekín la contribución del ácido exportado al PIB es mucho menor que el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria.
Pero la crisis tiene raíces más profundas. El Estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el transporte de azufre desde Oriente Medio —región que concentra más del 40% de las exportaciones mundiales de esta materia prima—, permanece con paso severamente restringido a causa del conflicto bélico con Irán. Sin azufre no hay ácido sulfúrico, y China, que importa más de la mitad del azufre que consume, optó por proteger primero su mercado interno antes de abastecer al resto del mundo.
Hay además una dimensión estratégica que el mercado no ignora. China ha pasado a concebir el ácido sulfúrico no como un subproducto menor de sus fundiciones, sino como una palanca económica. En 2022, los dos mayores importadores mundiales de este insumo fueron Chile y Estados Unidos, es decir, las dos economías cuya cadena productiva del cobre más se ve afectada por esta restricción. No se trata de una coincidencia: la restricción se inscribe en el patrón ya conocido de Pekín de usar el control de insumos críticos como instrumento de presión geopolítica en la disputa por el dominio de los metales estratégicos para la electrificación global.
Chile: una vulnerabilidad estructural al descubierto
Chile es el mayor productor de cobre del mundo, con 5,5 millones de toneladas producidas en 2024 según Cochilco. Pero su mercado de ácido sulfúrico lleva años operando en déficit. La demanda nacional bordea los 8,2 millones de toneladas anuales frente a una oferta local de apenas 5,1 millones, y ese déficit deberá ser cubierto con importaciones al menos hasta 2033. La región de Antofagasta concentra el 81,6% del consumo nacional y debió importar 4,443 millones de toneladas en 2023 para sostener su demanda. El valor CIF de esas importaciones alcanzó US$466 millones, el nivel más alto de la última década.
Chile adquiere más de un millón de toneladas de ácido sulfúrico chino al año. Si la suspensión se aplica durante todo 2026, “los chilenos enfrentarán precios aún más altos que los actuales”, advirtió Sarah Marlow, editora de ácidos de la agencia especializada Argus. Los precios ya subieron un 44% en un solo mes tras el inicio de las disrupciones de suministro.
Las consecuencias para la producción cuprífera son directas: aumento de costos operativos en las faenas que usan lixiviación, riesgo de reducción de producción en las operaciones más dependientes de este proceso, mayor competencia internacional por el ácido disponible y presión sobre los márgenes en un contexto ya de por sí marcado por la volatilidad. Mineras de cobre en la República Democrática del Congo ya están recortando el uso de químicos por problemas de abastecimiento, lo que demuestra que el estrés dejó de ser teórico y ya está obligando a ajustar operaciones en otras jurisdicciones.
¿Dónde puede buscar Chile ácido sulfúrico alternativo?
Las opciones existen, pero son insuficientes para compensar el volumen chino de manera inmediata. Las importaciones chilenas están lideradas históricamente por Perú (35,8%), seguido de China (13,3%) y Corea del Sur (10,3%). Japón, México e Indonesia completan el panorama de proveedores alternativos. Perú es el candidato más natural por proximidad logística y por ser ya el mayor proveedor de Chile, pero su capacidad de expansión rápida es estructuralmente limitada y el país vecino enfrenta sus propias necesidades mineras crecientes. La competencia por el ácido sulfúrico disponible se intensificará entre los grandes productores de cobre a nivel mundial. Japón y Corea del Sur, productores eficientes con fundiciones de zinc y cobre de alta capacidad, son la alternativa más sólida de mediano plazo, pero los fletes desde Asia y la competencia global por el mismo insumo encarecerán cualquier sustitución.
El cobre chileno bajo amenaza sistémica
Lo que esta crisis revela va más allá del precio del ácido. Pone al descubierto un punto de fragilidad sistémica en la cadena del cobre chileno: la dependencia de un insumo crítico cuyos dos principales proveedores mundiales —China y Medio Oriente vía azufre— están simultáneamente perturbados. En un país que produjo 5,5 millones de toneladas de cobre en 2024, el mercado no está mirando un insumo periférico: está observando uno de los pocos puntos capaces de alterar la competitividad del metal chileno desde adentro, sin necesidad de que caiga el precio del cobre.
Para Chile, la respuesta de corto plazo exige diversificación urgente de proveedores, negociaciones bilaterales con Japón y Corea del Sur, y revisión de los stocks estratégicos de las grandes mineras. En el mediano plazo, el país deberá reexaminar si su política de abastecimiento de insumos críticos está a la altura de los riesgos geopolíticos del nuevo orden mundial. Una economía cuya principal fuente de divisas depende del cobre no puede darse el lujo de dejar al ácido sulfúrico fuera de su agenda de seguridad estratégica.


