Mercado laboral bajo presión: la informalidad se eleva al 26,5% en medio de la destrucción de puestos masculinos
Aunque la incorporación de mujeres evitó una mayor caída en la ocupación global, la desocupación masculina saltó un punto porcentual y las horas trabajadas retrocedieron a nivel nacional. La Región Metropolitana igualó la media del país con un 9,5%.
El mercado laboral chileno volvió a dar señales de enfriamiento en el periodo de invierno. La tasa de desocupación nacional alcanzó un 9,5% durante el trimestre móvil mayo-julio de 2026 (MJJ 2026), de acuerdo con los más recientes datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El registro representa un incremento de 0,8 puntos porcentuales (pp.) en doce meses, gatillado por un descalce estructural: la fuerza de trabajo continuó expandiéndose (0,7%), mientras que el total de personas ocupadas sufrió una contracción (-0,2%).
Como consecuencia directa de esta brecha, el volumen total de personas desocupadas experimentó una fuerte alza del 10,4% en un año. Este deterioro estuvo impulsado principalmente por el aumento del desempleo en personas previamente ocupadas (cesantes, que subieron un 9,4%) y por un marcado repunte de quienes ingresaron a buscar trabajo por primera vez (que se dispararon un 20,9%).
En el desglose macro, la tasa de participación laboral se ubicó en 61,7% (-0,1 pp. anual), mientras que la tasa de ocupación cayó a 55,9% (-0,5 pp.). En contrapartida, la población fuera de la fuerza de trabajo creció un 1,1%, empujada exclusivamente por el incremento de los inactivos habituales (1,3%).
Brecha de género: hombres explican la pérdida de empleos, pero las mujeres enfrentan mayor desempleo
El comportamiento del empleo mostró dinámicas muy dispares al analizar la fuerza laboral por sexo:
Mujeres: La tasa de desempleo en la población femenina se elevó al 10,3% (+0,6 pp. en doce meses). Este resultado se explica porque el ingreso de mujeres al mercado de trabajo (la fuerza laboral subió un 1,7%) superó el ritmo de creación de empleo (las ocupadas aumentaron 1,0%). En tanto, las desocupadas crecieron 7,6%, empujadas únicamente por el grupo de cesantes (8,6%). La participación femenina subió a 53,2% (+0,4 pp.), la ocupación se mantuvo estancada en 47,7% y la inactividad no tuvo variación (donde el alza del 0,2% en inactivas habituales amortiguó la caída de las iniciadoras con -21,6% e inactivas potencialmente activas con -0,8%).
Hombres: En el segmento masculino, la tasa de desocupación llegó a un 8,9%, anotando una fuerte subida de 1,0 pp. en un año. A diferencia del caso femenino, aquí la fuerza de trabajo no creció (0,0%), mientras que los hombres ocupados cayeron un 1,1%. Los hombres desocupados se dispararon un 12,9%, impulsados tanto por cesantes (10,2%) como por un marcado incremento en quienes buscan empleo por primera vez (54,6%). Las tasas de participación y ocupación masculinas se redujeron a 70,6% (-0,6 pp.) y 64,3% (-1,3 pp.), respectivamente, al tiempo que los hombres inactivos subieron un 3,0% (por sobre todo inactivos habituales e iniciadores).
Caen los asalariados formales y crece la informalidad laboral
La caída neta del total de ocupados (-0,2% anual) fue contrarrestada en parte por el desempeño femenino (+1,0%), ya que el empleo masculino cayó con fuerza (-1,1%).
Por sectores económicos, las mayores pérdidas de puestos de trabajo se concentraron en:
Información y comunicaciones: -14,6%
Enseñanza: -3,3%
Industria manufacturera: -2,7%
Por categoría ocupacional, el impacto negativo recayó severamente en el empleo asalariado formal (que retrocedió un -2,4%) y en los trabajadores familiares no remunerados (-6,7%).
Aumento del trabajo informal:
En medio de la contracción del empleo formal, la precarización mostró una tendencia opuesta. La tasa de ocupación informal escaló al 26,5% (+0,5 pp. en doce meses). La informalidad femenina subió a 28,3% (+0,8 pp.), impulsada por un alza de 3,9% en mujeres ocupadas informales; mientras que en los hombres llegó al 25,1% (+0,2 pp.), pese a que el total de informales masculinos cayó 0,4%.
El aumento global de la ocupación informal (+1,6%) obedeció a incrementos sectoriales en Transporte (8,2%) y Servicios administrativos y de apoyo (10,2%), impulsado categóricamente por cuentapropistas (2,6%) y empleadores (30,5%).
Ajuste estacional y reducción de horas de trabajo
Sin sesgo de temporada: Al aislar los efectos exógenos de la estación del año, la tasa de desocupación desestacionalizada fue del 9,3%, manteniéndose sin variaciones con respecto al trimestre móvil inmediatamente anterior.
Jornadas laborales: El volumen total de horas efectivamente trabajadas por la fuerza laboral descendió un 1,8% anual. El promedio de horas trabajadas cayó un 1,7%, fijándose en 36,4 horas semanales. Por sexo, la jornada promedio efectiva se situó en 38,6 horas en los hombres y 33,6 horas en las mujeres.
Región Metropolitana: desempleo se alinea con la media nacional
En la Región Metropolitana, la desocupación alcanzó el 9,5%, anotando un aumento anual de 0,3 pp. Este incremento responde a una fuerza de trabajo que creció un 0,2% en la capital frente a puestos de trabajo que se redujeron un 0,1%.
Los sectores económicos más resentidos en la RM fueron:
Información y comunicaciones: -21,4%
Alojamiento y servicio de comidas: -7,9%
Administración pública: -5,9%
En términos de categoría de empleo, la capital sufrió destrucciones en los asalariados formales (-4,3%) y en los asalariados informales (-3,6%).
Nueva métrica OIT: el INE comenzará a medir la duración del desempleo
Respondiendo a los estándares técnicos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el INE incorporó oficialmente desde este informe una nueva dimensión analítica: la duración de la desocupación.
Esta nueva herramienta permitirá monitorear la duración promedio de la búsqueda de trabajo y medir el número de desocupados de larga duración (definidos como aquellos que acumulan 12 meses o más en búsqueda activa). Para ello, el INE integró tres nuevos cuadros estadísticos permanentes (trimestrales y anuales) y publicó una separata técnica metodológica.
