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Inteligencia artificial, red frágil: Alertan por fallos en cascada, apagones y presión sobre el agua

Un informe de la UNECE prevé que la demanda eléctrica de los centros de datos alcance el 3 % del consumo mundial y advierte que los países pagan la energía y la infraestructura mientras las ganancias de la IA se las quedan las grandes tecnológicas

La carrera por la inteligencia artificial está tensando los cables del planeta. Un informe elaborado por expertos de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE), preparado de cara al Comité de Energía Sostenible que se reunirá este mes, alerta de que la voracidad eléctrica de los centros de datos —especialmente los orientados a la IA— está creciendo a un ritmo que la infraestructura energética no puede seguir.

Las cifras son elocuentes. El consumo mundial de electricidad de estos complejos pasará de unos 485 teravatios-hora en 2025 a 950 teravatios-hora en 2030, prácticamente el doble, y ya representará el 3 % de la demanda global. A ello se suman la minería de criptomonedas, que consume entre 100 y 130 teravatios-hora al año, y la electrificación industrial. La inversión no se queda atrás: el gasto de capital en centros de datos escalará de unos 800.000 millones de dólares anuales en 2026 hasta 1,8 billones hacia 2050.

El problema central es un desfase de tiempos. Un centro de datos puede levantarse en dos a cinco años; una red de transmisión eléctrica necesita más de una década, frenada por planificación y permisos. El desequilibrio ya es real: Irlanda impuso restricciones de conexión en Dublín, Países Bajos endureció sus requisitos de planificación, y Estados Unidos proyecta fuertes presiones sobre la cadena de suministro eléctrico hacia 2030.

El riesgo no es solo de capacidad, sino de estabilidad. En sistemas con alta penetración de energías renovables, la demanda rápida y variable de los centros de datos de IA puede alterar de forma desproporcionada la tensión y la frecuencia de la red, con consecuencias extremas que incluyen oscilaciones de voltaje, desconexiones imprevistas y fallos en cascada.

El informe amplía el foco más allá de la electricidad. Los centros de datos tienen impactos significativos en el uso del agua, el suelo, las emisiones y la generación de residuos electrónicos, mientras la escasa transparencia de los datos dificulta una regulación eficaz. Además, advierte un riesgo económico: sin políticas adecuadas, los países podrían quemar electricidad escasa para producir valor de IA que termina capturado en el exterior, mientras asumen internamente los costos de infraestructura y los efectos laborales.

Los expertos reclaman una gobernanza integrada que unifique planificación energética, política digital, gestión ambiental y ordenación territorial, con informes estandarizados e intercambio de información en tiempo real. También subrayan un potencial aún infrautilizado: los centros de datos podrían ofrecer flexibilidad a la red mediante gestión de cargas, almacenamiento de energía, generación in situ y recuperación de calor residual. La meta, concluye el documento, es pasar de decisiones reactivas de conexión a una integración estratégica que garantice que las grandes cargas eléctricas sirvan a la resiliencia de la red, la descarbonización y el valor público.

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