Flávio Bolsonaro sorprende a Lula y Brasil define su futuro en una histórica segunda vuelta el 25 de octubre
El hijo del expresidente condenado por golpismo lideró la primera vuelta con el 47 % frente al 45 % del mandatario, que ahora deberá remontar 2,2 millones de votos para evitar el regreso del bolsonarismo al poder.
Brasil definió este domingo que su futuro presidencial se dirimirá en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre, en un duelo que reproduce con precisión quirúrgica la grieta política que divide al país desde hace una década: por un lado, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, en aspiración de un cuarto mandato y un «Lula 4.0»; por el otro, el senador Flávio Bolsonaro, de 45, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien hereda el liderazgo de la derecha radical en un contexto que nadie imaginó cuando el patriarca fue condenado e inhabilitado.
Con más de 158 millones de brasileños llamados a las urnas —que también eligieron gobernadores, la totalidad de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado—, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera ronda con 47,03 % de los votos válidos (56,1 millones de sufragios) contra 45,16 % de Lula (53,9 millones). La diferencia, apenas 2,2 millones de votos, quedó por debajo del umbral del 50 % que habría evitado el balotaje. El propio Lula reconoció que el resultado fue «inesperado».
Una dinastía construida en las urnas
La candidatura de Flávio no es un accidente político: es el resultado de una estrategia familiar articulada en torno al Partido Liberal (PL). Jair Bolsonaro no pudo competir porque el Tribunal Superior Electoral lo inhabilitó por ocho años por abuso de poder, y en 2025 fue condenado penalmente por la trama golpista que buscó revertir su derrota de 2022. Pero el apellido sobrevivió. Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro conquistaron escaños en el Senado; Jair Renan Bolsonaro y Renato Bolsonaro, el hermano del expresidente, lograron bancas en Diputados. El bolsonarismo no solo sigue vivo: se institucionalizó como proyecto dinástico.
Los números favorecen —a priori— a la derecha
Los resultados legislativos refuerzan esa lectura. El PL se convertirá en la mayor bancada de la Cámara de Diputados desde 1994, con 121 de 513 escaños, y proyecta 28 de 81 senadores. Pero el dato decisivo para la segunda vuelta está en los votos que quedaron libres: las candidaturas eliminadas suman aproximadamente 7,8 % de los sufragios válidos, algo más de nueve millones de votos, y su predominante inclinación de derecha ofrece a Flávio una reserva de apoyos mayor que la de Lula. El tercero en discordia, el escritor de autoayuda Augusto Cury, apenas rozó el 2,89 %.
Seguridad, economía y la sombra de Trump
La campaña se disputó en torno a tres ejes que explican el malestar social: la inseguridad ciudadana, el costo de la vida y el endeudamiento de los hogares, dramatizado por el escándalo del Banco Master, cuyas ramificaciones alcanzan a figuras de todo el espectro político. A ello se sumó una variable internacional inédita: la presión de la administración Trump, que impuso aranceles y designó a dos organizaciones criminales brasileñas como grupos terroristas. Flávio se presentó a votar en Río de Janeiro advirtiendo que Brasil «no puede soportar más sufrimiento, tantos impuestos altos, tantas mujeres muertas», mientras Lula erigió la defensa de la soberanía y de la democracia frente a lo que califica de «barbarie» y «negacionismo».
Un test democrático con proyección regional
El desenlace de octubre no es menor para América Latina. Si Flávio Bolsonaro gana, Brasil se sumaría a la ola de derechas alineadas con Trump 2.0 que ya gobierna o ganó en Argentina, Chile, Colombia, Honduras y Perú, y que incluye gestos de hard power como la operación militar en Venezuela y el bloqueo a Cuba. Para los analistas, estas elecciones son además un experimento en vivo sobre la resiliencia democrática: como mostró Estados Unidos en 2024, derrotar una fuerza antidemocrática no garantiza que desaparezca. El informe V-Dem de 2026 identificó la victoria de Lula en 2022 como el punto que frenó la erosión democrática brasileña; el 25 de octubre se sabrá si ese freno sostiene o si el apellido Bolsonaro regresa al Planalto por la vía de las urnas.
