Internacional

No falta petróleo, falta diésel: por qué el G7 inyectó 100 millones de barriles en el mercado mundial

Con las refinerías saturadas y las exportaciones de Oriente Medio al 25% de su nivel normal, las potencias liberan reservas estratégicas en un plan de cuatro meses para rescatar a camioneros, agricultores e industria.

Las potencias industrializadas pusieron sobre la mesa su carta más pesada: el G7 anunció este viernes la liberación coordinada de hasta 100 millones de barriles de petróleo crudo y diésel desde las reservas estratégicas, una inyección que busca contener el vertiginoso encarecimiento de los combustibles en medio de la mayor crisis energética de los últimos años.

El efecto fue inmediato. El precio del barril se desplomó un 3,5% en apenas una hora de cotización y se situó momentáneamente por debajo de los 100 dólares, un umbral psicológico que había sostenido semanas de tensión en los mercados.

El plan: diésel primero. La operación se articula en dos frentes. Francia, presionada públicamente por Donald Trump —que llegó a amenazar con un embargo de diésel si Europa no actuaba—, coordinó la salida inmediata de 50 millones de barriles de reservas de diésel. A ese volumen se sumarán otros 50 millones de barriles de crudo aportados por los miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en una liberación que se extenderá durante los próximos cuatro meses.

«Los agricultores, camioneros y empresas estadounidenses no deberían cargar con el peso de una escasez mundial de diésel», justificó el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

La apuesta es quirúrgica: el cuello de botella ya no es la producción, sino la refinación. Las exportaciones de diésel de Oriente Medio operan apenas al 25% de sus niveles previos al conflicto y las rusas se han derrumbado al 20% de las registradas en mayo. Liberar combustible refinado permite atacar directamente el punto débil, sin esperar a que el crudo pase por una refinería saturada.

Ormuz, el alivio que dura horas. La medida llega acompañada de un viento de cola: hasta 17,5 millones de barriles diarios vuelven a fluir por el estrecho de Ormuz, una recuperación casi total de los niveles anteriores a la guerra, en un contexto en el que Irán no ha cargado un solo buque de exportación durante septiembre.

Pero Oriente Medio da y quita a la misma velocidad. Horas después de la caída, la agencia Reuters informó que Arabia Saudí prepara una ofensiva militar contra los hutíes en Yemen para desbloquear el Mar Rojo, con el riesgo de dañar el oleoducto Este-Oeste. El Brent borró las pérdidas y volvió a los 102 dólares, arrastrando a la bolsa y encareciendo el bono estadounidense.

Un alivio con fecha de vencimiento. Los analistas recuerdan que las liberaciones de reservas han sido históricamente «pan para hoy y hambre para mañana»: a medida que se agotan, el mercado se pone más nervioso. Y los riesgos no desaparecen: un petrolero fue alcanzado por un proyectil al cruzar Ormuz —el quinto ataque registrado desde el 28 de septiembre—, el Pentágono desplegará un tercer grupo de ataque con 9.000 a 10.000 militares adicionales antes de fin de noviembre, y los inventarios mundiales siguen en caída.

La pregunta ya no es si habrá petróleo suficiente, sino a qué costo —y por cuánto tiempo— podrá circular antes de que un nuevo episodio bélico vuelva a cerrar el grifo.

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