El cobre consolida su «superciclo» e impulsará un alivio fiscal de hasta US$ 4.500 millones para Chile en 2026
Impulsado por el auge de la Inteligencia Artificial y la estrechez global de oferta, el metal rojo cotiza en máximos históricos sobre los US$ 6,4 la libra, asegurando una inyección de ingresos extraordinarios para las arcas públicas nacionales.
El mercado internacional del cobre ha consolidado esta semana un hito histórico que reconfigura las perspectivas económicas globales y nacionales. Al cierre del periodo comprendido entre el 3 y el 7 de agosto de 2026, la cotización del metal rojo finalizó en US$ 6,46 por libra en la Bolsa de Metales de Londres (LME), registrando un alza semanal del 2,93%. La dinámica ascendente llevó al mineral a tocar un máximo histórico de US$ 6,55 por libra en el informe semanal de la LME, tras haber alcanzado picos intradiarios de hasta US$ 6,75 por libra.
Con estas cifras, el precio promedio del cobre en lo que va de 2026 se ubica en US$ 5,98 por libra, lo que representa un significativo incremento del 38,98% en comparación con el promedio registrado en el mismo periodo de 2025.
Tensión física e inventarios en mínimos
A diferencia de otros ciclos alcistas, el principal motor detrás de este comportamiento proviene del mercado físico y la escasez real de metal refinado. Durante la semana, los inventarios en la LME cayeron un 8,6%, situándose en 222.975 toneladas. Sin embargo, el dato más crítico es el volumen disponible para entrega inmediata, que se desplomó a 92.900 toneladas, su nivel más bajo desde enero.
Esta estrechez llevó a que el cobre para entrega inmediata cotizara con una prima (backwardation) de cerca de US$ 119 por tonelada por sobre el contrato a tres meses, reflejando una apremiante necesidad de los compradores por acceder al recurso físico.
A esta tensión se sumó la prohibición decretada por la República Democrática del Congo —actor clave de la minería global— a las exportaciones de concentrados de cobre y cobalto. Aunque el impacto de largo plazo dependerá de las exenciones estratégicas que se otorguen, la medida inyectó una inmediata volatilidad al mercado.
En paralelo, se observa una fuerte distorsión geográfica de los inventarios visibles globales (946.662 toneladas). Cerca del 69% del stock mundial (653.571 toneladas) se encuentra acaparado en la bolsa COMEX de Estados Unidos, motivado por la incertidumbre arancelaria y una prima de US$ 0,27 por libra sobre Londres. En contraste, Shanghái opera un 34,7% por debajo de sus niveles de 2025, mientras que las importaciones chinas de cobre sin elaborar cayeron un 11,5% en julio como reacción a los altos precios.
Un «superciclo» tecnológico y el impacto fiscal en Chile
El consenso de los analistas confirma que estos niveles de precios no corresponden a un rally especulativo ni a un fenómeno pasajero, sino a la consolidación de un «superciclo» estructural. Este cambio de paradigma está empujado por tendencias globales irreversibles: la masiva expansión de la infraestructura para la Inteligencia Artificial (IA), el avance acelerado de la electromovilidad, la transición energética y la urgencia por renovar las redes eléctricas de alta capacidad a nivel mundial.
Para Chile, el mayor productor del metal, este escenario abre las puertas a uno de los ciclos externos más favorables desde el boom minero registrado entre 2002 y 2014. De mantenerse un precio promedio cercano a los US$ 6 por libra, las estimaciones macroeconómicas prevén que la recaudación fiscal proveniente de la minería experimentará un alza extraordinaria de entre un 15% y un 30%.
Esto se traducirá en una inyección adicional para las arcas públicas estimada en entre US$ 3.000 millones y US$ 4.500 millones para el año 2026, dependiendo de los volúmenes de producción efectiva y la evolución del tipo de cambio (que recientemente cerró en $912,6 impulsado por ruidos geopolíticos en Medio Oriente). De este modo, la bonanza minera externa se constituye como el verdadero cimiento del dinamismo económico y la solidez fiscal del país para el mediano plazo.