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Bachelet sin el respaldo del gobierno de Chile, pero con un aliado decisivo: Lula mantiene su apuesta por la ONU

Brasil, la principal potencia latinoamericana, ratifica su respaldo a la expresidenta chilena pese a los malos resultados de los primeros sondeos y a no contar con el apoyo de La Moneda. Lula acordó esperar una nueva medición antes de evaluar el futuro de la postulación.

La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas atraviesa uno de sus momentos más complejos, pero también acaba de recibir una señal política de alto calibre: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, decidió mantener su respaldo a la expresidenta chilena y esperar una nueva evaluación del Consejo de Seguridad antes de considerar cualquier cambio de estrategia.

La definición surgió de la reunión que ambos sostuvieron el lunes en el Palacio de Planalto, en Brasilia, en momentos en que la postulación enfrenta dificultades después de los primeros sondeos informales entre los 15 integrantes del Consejo de Seguridad. En la segunda consulta, Bachelet obtuvo apenas dos votos de estímulo y quedó en una posición rezagada frente a otras candidaturas latinoamericanas, como las de la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett.

Pero el resultado no fue suficiente para que Lula considerara prematuro retirar la candidatura. Por el contrario, Brasil optó por sostenerla hasta el próximo sondeo, previsto para septiembre, siguiendo una lógica que reconoce que el proceso de selección del secretario general de la ONU puede prolongarse durante varias rondas y que una fotografía inicial no necesariamente determina el resultado final. El actual secretario general, António Guterres, por ejemplo, fue escogido después de múltiples consultas informales.

El peso de Brasil cambia el escenario

La decisión de Lula adquiere una dimensión particularmente significativa porque Brasil no es simplemente otro país latinoamericano dentro de la negociación. Es la mayor potencia económica y demográfica de la región, uno de los principales actores diplomáticos del Sur Global y un integrante de peso de los grandes debates multilaterales.

Por eso, el respaldo brasileño proporciona a la candidatura de Bachelet una plataforma regional de considerable importancia. Brasil y México son actualmente los dos grandes gobiernos latinoamericanos que mantienen formalmente su apoyo a la expresidenta chilena, después de que el gobierno de José Antonio Kast retirara el respaldo oficial de Chile.

La situación genera, además, una paradoja diplomática: mientras la candidatura perdió el patrocinio del país de origen de Bachelet, continúa siendo respaldada por dos de los Estados de mayor peso político de América Latina.

En el caso brasileño, el apoyo no es reciente ni meramente protocolar. Lula había destacado anteriormente tanto la trayectoria de la expresidenta como la necesidad de que Naciones Unidas sea encabezada por una mujer. Brasil considera que Bachelet reúne una experiencia particularmente relevante para el cargo, después de haber ejercido dos períodos presidenciales en Chile y haber ocupado posteriormente posiciones de alta responsabilidad dentro del sistema de Naciones Unidas, entre ellas la dirección ejecutiva de ONU Mujeres y la Alta Comisionaduría para los Derechos Humanos.

Una candidatura latinoamericana en un escenario adverso

El respaldo de Lula también debe entenderse dentro de una aspiración más amplia: que América Latina y el Caribe logren impulsar una candidatura común o, al menos, una alternativa regional con posibilidades reales de llegar a la conducción de Naciones Unidas.

Brasil y México han defendido precisamente la idea de que llegó el momento de que una mujer asuma por primera vez la Secretaría General de la organización. Naciones Unidas nunca ha tenido una secretaria general, pese a que el debate sobre la necesidad de una mayor representación femenina en los principales cargos multilaterales ha adquirido creciente fuerza.

Bachelet, además, combina experiencia política, gestión gubernamental y trayectoria internacional. Esa combinación fue uno de los argumentos centrales utilizados desde el comienzo para promover su candidatura.

Sin embargo, el camino está lejos de ser sencillo.

En el segundo sondeo informal del Consejo de Seguridad, Bachelet quedó rezagada respecto de otras postulantes latinoamericanas. Carolyn Rodrigues-Birkett y Rebeca Grynspan exhibieron mejores resultados, mientras la exmandataria chilena consiguió solamente dos votos de apoyo.

A ello se suma un obstáculo potencialmente decisivo: Estados Unidos. Para que un candidato pueda ser recomendado por el Consejo de Seguridad necesita alcanzar al menos nueve votos favorables y, simultáneamente, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.

La pérdida del apoyo chileno

El escenario resulta especialmente complejo porque Bachelet ya no cuenta con el respaldo del gobierno de su propio país.

El Ejecutivo encabezado por José Antonio Kast decidió retirar la nominación chilena, una determinación que dejó a Brasil y México como los principales patrocinadores latinoamericanos de la candidatura. La expresidenta, sin embargo, ha mantenido su disposición a continuar en la carrera, sosteniendo que se trata de una candidatura de naturaleza colectiva y no exclusivamente personal.

En ese contexto, la actitud de Brasil adquiere una relevancia que excede el respaldo individual de Lula. La decisión brasileña evita que la candidatura quede políticamente aislada después del cambio de posición de La Moneda y mantiene abierta una alternativa latinoamericana en un proceso todavía en desarrollo.

La reunión de Brasilia funciona así como una señal: Lula no considera que los resultados iniciales sean suficientes para cerrar la competencia.

Septiembre será una nueva prueba

La estrategia acordada entre Bachelet y Lula apunta ahora al próximo sondeo informal del Consejo de Seguridad. Esa medición permitirá determinar si la candidatura logra recuperar terreno, sumar apoyos o modificar la actual correlación de fuerzas.

La exmandataria ha desarrollado además una intensa agenda diplomática. Después de reunirse con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, se trasladó a Brasil para encontrarse con Lula. También ha mantenido contactos con representantes de numerosos países integrantes del Consejo de Seguridad, mientras evalúa regresar a Nueva York durante septiembre, coincidiendo con las actividades asociadas a la Asamblea General de Naciones Unidas.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en obtener más votos. También será necesario transformar el respaldo político de Brasil y México en una red diplomática más amplia que permita a Bachelet mejorar su posición frente a las candidaturas que actualmente aparecen mejor evaluadas.

Por ahora, Lula ha decidido no bajar la apuesta.

En una carrera en la que los equilibrios regionales, las negociaciones entre potencias y el eventual ejercicio del veto pueden resultar tan determinantes como los primeros sondeos, Brasil está demostrando que considera demasiado pronto dar por perdida la candidatura.

Y en un escenario donde Chile decidió retirarse, el respaldo de Brasil adquiere una dimensión adicional: la principal potencia latinoamericana está asumiendo, al menos por ahora, el papel de sostener políticamente una candidatura que busca llevar a una mujer latinoamericana a un cargo que nunca ha sido ocupado por una mujer en los 80 años de historia de Naciones Unidas.

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