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Radiografía de un mercado herido: la precarización del empleo castiga el bolsillo y quiebra el mito del título universitario.

Un contundente diagnóstico de Ipsos revela que el 68% de la población percibe un escenario laboral ostensiblemente más severo que hace un año, marcado por barreras de edad, brechas de género y prácticas abusivas de reclutamiento.

El mercado de trabajo en Chile atraviesa un periodo de aguda contracción y deterioro cualitativo. Lejos de las lecturas optimistas o los ajustes estacionales, la percepción ciudadana sobre el empleo refleja un estancamiento severo que impacta de forma directa en el bienestar socioeconómico de los hogares. Así lo confirma la última edición del informe Claves Ipsos (N°53), cuyo levantamiento expone un diagnóstico sombrío: la búsqueda de empleo se ha vuelto un proceso tortuoso, la estabilidad se desvanece y la masa de ingresos reales resulta drásticamente insuficiente para sostener el costo de la vida.

Un abrumador 68% de la población considera que hoy es sustancialmente más complejo insertarse laboralmente en comparación con el año anterior, frente a un exiguo 10% que divisa mejoras en el entorno. Esta barrera no solo responde a la escasez de puestos de trabajo vacantes, sino a una devaluación generalizada de las condiciones contractuales. En ese sentido, más del 70% de los consultados sostiene que las remuneraciones actuales no permiten cubrir la canasta básica ni los gastos esenciales de un hogar, dejando en evidencia la profunda brecha entre el costo de vida y el poder adquisitivo real.

La precariedad del sistema no solo afecta a quienes buscan insertarse por primera vez o reingresar al circuito productivo; la masa asalariada activa convive con una constante sensación de vulnerabilidad. Un 29% de los trabajadores ocupados calcula como altamente probable la pérdida de su puesto laboral en el horizonte de los próximos 12 meses, mientras que un 61% confiesa padecer altos niveles de ansiedad y temor ante la eventualidad del despido. Esta aprensión no es fortuita: la espalda financiera de la ciudadanía es crítica. Seis de cada diez chilenos (61%) afirman que solo podrían solventar sus compromisos habituales durante un máximo de tres meses de cesantía antes de recurrir al endeudamiento bancario, la liquidación de activos o la asistencia externa.

Este reducido colchón financiero genera un fenómeno de resignación forzada dentro de la fuerza de trabajo. Ante el riesgo inminente del desempleo prolongado, la mayoría está dispuesta a asumir concesiones drásticas: un 64% aceptaría reubicarse en rubros ajenos a su especialidad, un 56% asumiría cargos para los que se encuentra sobrecalificado y más del 40% estaría dispuesto a pactar un recorte salarial con tal de asegurar un ingreso fijo.

A este panorama de sobrevivencia se suma la pérdida de valor credencial en el país. El 53% de los encuestados descarta que la obtención de un título profesional o universitario garantice, a largo plazo, el acceso a una plaza laboral de calidad. De igual forma, cerca del 57% percibe que las empresas carecen de planes de carrera o movilidad interna, condenando a los recién graduados al desempleo o a la subempleabilidad en áreas distantes a sus disciplinas de formación.

Asimismo, la exclusión adopta tintes discriminatorios y estructurales. Las barreras de acceso se agudizan drásticamente según criterios de edad, carga de cuidados y género. El 87% de los consultados coincide en que los trabajadores mayores de 50 años sufren un sesgo desfavorable sistemático durante las convocatorias laborales, aun cuando cumplan exhaustivamente con las competencias requeridas. Un escenario similar enfrentan las mujeres con roles de cuidado de niños o adultos mayores (81%), las personas con discapacidad (79%) y los jóvenes sin experiencia previa (71%). De hecho, un 72% sostiene que ser mujer en el Chile actual representa un hándicap adicional al competir por un puesto de trabajo.

Como corolario de esta degradación funcional del mercado, las dinámicas de selección incorporan malas prácticas organizacionales generalizadas. El denominado «ghosting laboral» —la interrupción abrupta de la comunicación por parte de los empleadores sin entregar retroalimentación— afecta al 84% de quienes postulan a una vacante y al 72% de quienes avanzan a fases avanzadas de entrevista personal.

En síntesis, la radiografía de Ipsos no solo expone cifras de desaceleración; pone de manifiesto una crisis estructural de representatividad y calidad del trabajo en Chile, donde el empleo ha dejado de ser un vehículo de movilidad social para convertirse en una fuente constante de incertidumbre financiera y desgaste psicológico.

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