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Apretón a la economía real: El disparo en el diésel y la gasolina amenaza con encarecer la vida y perjudicar aún más la actividad nacional

Con alzas que superaron incluso las estimaciones del Ministerio de Hacienda —alcanzando casi $100 en el transporte de carga—, el nuevo ajuste de la ENAP le quita oxígeno al consumo e imparte una fuerte presión inflacionaria sobre toda la cadena productiva.

Un severo mazazo a las proyecciones económicas del país y al bolsillo de las familias concretará este jueves 20 de agosto la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP). El organismo confirmó un fuerte reajuste al alza en los combustibles que superó, incluso, las previsiones más pesimistas trazadas por el propio Ministerio de Hacienda.

Mientras desde el Ejecutivo el ministro Jorge Quiroz anticipaba incrementos en torno a los $30 para las gasolinas y cerca de $90 para el transporte de carga, el informe semanal de la estatal fijó un incremento drástico de $34,8 por litro en las bencinas de 93 y 97 octanos, y un golpe crítico de $97,4 por litro en el diésel. La única excepción en este panorama desolador fue una leve baja de $16,8 en el gas licuado vehicular (GLP), mientras que la parafina (kerosene) no registró variaciones.

Más allá del impacto directo para el automovilista particular, los analistas económicos coinciden en que la cifra verdaderamente preocupante es la del diésel. Al rozar un aumento de $100 por litro, se genera una distorsión estructural inmediata en la logística nacional, el transporte de carga y los costos de distribución de alimentos e insumos esenciales, trasladando inevitablemente la presión hacia el consumidor final en forma de inflación generalizada.

Desde el sector de análisis financiero, Ignacio Mieres, Head of Research de XTB, advierte que si bien el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) actúa para contener una catástrofe mayor en los valores, resulta derechamente incapaz de evitar que la transmisión de costos golpee al mercado. En el panorama actual, las bandas de contención estatal se quedan cortas frente al peso de la coyuntura internacional.

El origen de este choque económico responde a un doble factor global: la reactivación y prolongación del conflicto armado en Medio Oriente y una grave crisis en la capacidad de refinamiento. Aunque el precio del petróleo crudo experimente jornadas de tregua o moderación, el proceso de transformación industrial en gasolina y diésel mantiene costos astronómicos. Los daños en la infraestructura naviera y logística sugieren un escenario tenso que podría extenderse por uno o dos años antes de normalizarse.

Con este nuevo reajuste, la economía chilena enfrenta una tormenta perfecta donde el encarecimiento de la matriz energética amenaza con ralentizar el crecimiento, encarecer los costos operativos de las PYMES y asfixiar aún más el poder adquisitivo de los hogares. Sin visos de una pronta resolución en el panorama geopolítico global, las perspectivas apuntan a que este encarecimiento no será un episodio pasajero, sino una persistente ancla para la reactivación nacional.

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