No nos podemos confiar»: Kast advierte los riesgos del triunfalismo y fija en las demandas sociales al verdadero adversario
En la clausura del Foro Madrid en Santiago, el mandatario chileno advirtió a sus aliados de extrema derecha continentales que la permanencia del sector depende de resolver urgencias como la seguridad, el desempleo y las fronteras
El escenario del V Encuentro del Foro de Madrid, celebrado en Santiago, no fue testigo de la clásica arenga opositora. El Presidente de la República, José Antonio Kast, irrumpió en el plenario de la cumbre conservadora internacional con un discurso deliberadamente distanciado de la virulencia doctrinaria que suele caracterizar a este tipo de foros.
Kast inició su alocución reconociendo al trasfondo fundador de la iniciativa —haciendo un gesto implícito al líder de VOX, Santiago Abascal— y saludando la presencia de figuras como el mandatario argentino Javier Milei, con quien había mantenido una reunión bilateral horas antes en el Palacio de La Moneda. Sin embargo, el centro de su mensaje estuvo marcado por una definición de estatus: «En Chile hoy día ya no hablo como un dirigente o un candidato; me presento aquí como Presidente de la República». Esta declaración fijó de entrada la cancha metodológica del mandatario chileno ante el auditorio internacional.
Para el mandatario chileno, el momento que atraviesa la región no admite la complacencia de los eslóganes. Si bien admitió que América Latina vive un «cambio profundo» caracterizado por la emergencia de liderazgos decididos a recuperar las libertades individuales y el crecimiento económico, advirtió con severidad a los delegados e invitados internacionales que la victoria electoral no es un fin en sí mismo, sino apenas la apertura de una ventana de oportunidad de alta fragilidad política.
Uno de los momentos más densos del discurso de Kast radicó en su autocrítica sobre los primeros meses de gestión en el Palacio de La Moneda. El Mandatario interpeló directamente a la audiencia al exponer lo que denominó «la distancia real entre tener la razón y resolver un problema público».
A través de una serie de ejemplos sobre la gestión de su administración, graficó cómo las consignas de campaña se disuelven si no están respaldadas por capacidad técnica e infraestructura estatal real:
Control fronterizo y migratorio, desburocratización e inversión, captura del Estado y corrupción, fueron los principales aspectos citados. Este desglose buscó enviar una señal clara a la derecha regional: las batallas políticas contemporáneas no se consolidan en las pantallas ni en los discursos encendidos, sino en la capacidad técnica de los equipos de gobierno para transformar las propuestas en políticas públicas sostenibles.
El verdadero enemigo: Urgencias sociales versus confrontación retórica
En un giro directo a la audiencia del Foro de Madrid, el Presidente chileno formuló una importante precisión sobre la definición del adversario político. Frente a un foro acostumbrado a situar a la izquierda política como el enemigo central a derrotar, Kast replanteó el eje del conflicto político:
«Los chilenos a mí no me eligieron para derrotar a la izquierda. Nos eligieron para enfrentar el crimen organizado, la pobreza, la corrupción, el desempleo y la falta de vivienda. A esos adversarios no los vamos a derrotar con un discurso en un foro, con una tendencia en redes sociales ni con una buena frase en la prensa, sino trabajando incansablemente todos los días».
El gobernante sostuvo que reducir la acción de gobierno a una contienda permanente contra la oposición progresista es un error estratégico que suele conducir al aislamiento y al fracaso operativo. A juicio del Mandatario, quedar aprisionados en la disputa retórica contra la izquierda distrae a la gestión pública de su cometido central: resolver el deterioro de la calidad de vida de las familias trabajadoras.
Asimismo, formuló un llamado de atención a su propia coalición y a sus aliados continentales respecto a las patologías internas de la política tradicional, condenando la tentación del «cuoteo político» en la distribución de cargos públicos y el aburguesamiento burocrático. «Muchos sectores se durmieron en los laureles, se confiaron al ganar una votación. Ganar una elección es un logro, pero la victoria circunstantial se evapora si no se devuelve la seguridad a las calles y la prosperidad a los hogares», aseveró.
Gobernabilidad, diálogo y concertación técnica
Sorprendiendo a sectores más ortodoxos del cónclave iberoamericano, Kast reivindicó durante su intervención la necesidad del diálogo y el respeto hacia los adversarios ideológicos. Lejos de la retórica de polarización total, el Jefe de Estado chileno sostuvo que el ejercicio del mando le ha permitido madurar una comprensión más amplia de la convivencia democrática.
«He cultivado mucho más el respeto por el que piensa distinto. No lo hago por una conveniencia táctica, sino por una profunda convicción democrática», sostuvo ante la audiencia. A renglón seguido, destacó el aporte de profesionales, técnicos y sectores políticos que en el pasado compitieron contra su proyecto de gobierno, pero que hoy colaboran en distintas instancias de la administración pública o en el debate legislativo para sacar adelante reformas clave en materia tributaria, laboral y de seguridad pública.
«Déjenme decirles que yo los he sorprendido a ellos y ellos también me han sorprendido a mí», confesó el gobernante, proyectando una imagen de pragmatismo y gobernabilidad que busca desmarcar a su administración de los experimentos refundacionales o de la parálisis institucional. Según la visión expuesta por el gobernante, la efectividad de una gestión depende de la habilidad para construir mayorías operativas que trasciendan los límites del propio nicho electoral.
La proyección panamericana: De la gestión local al impacto regional
Pese al énfasis en las tareas domésticas de gestión, el discurso del mandatario chileno no estuvo exento de una profunda carga geopolítica continental. Para Kast, la viabilidad de la libertad en el hemisferio no depende de la expansión de proclamas teóricas, sino del éxito demostrable de los gobiernos no refundacionales en las principales capitales de América Latina.
El Mandatario trazó una línea de continuidad geográfica y política que conecta los esfuerzos institucionales de ciudades como Bogotá, Lima, Buenos Aires, Asunción y Santiago, argumentando que si estas administraciones logran erradicar la delincuencia, dinamizar el empleo y sanear sus presupuestos, el efecto dominó sobre las dictaduras residuales del continente será inevitable.
En el cierre de su intervención, pronunció la frase que marcó el tono de la jornada: «Si lo seguimos haciendo bien, si demostramos con hechos que la libertad genera bienestar, algún día será Managua, algún día será La Habana. Porque allí hay millones de seres humanos sometidos al poder mal entendido. Y cuando ganemos allí, nadie nos va a preguntar qué dijimos en una tribuna; nos van a preguntar qué fuimos capaces de hacer».
