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Foro Madrid en Chile: La extrema derecha internacional convierte la polarización en método político

El presidente argentino Javier Milei abrió el encuentro con una retórica de confrontación extrema, ataques contra la izquierda, descalificaciones personales y una interpretación selectiva de la historia de Chile.

Santiago se convirtió este jueves en el escenario latinoamericano de una nueva ofensiva política de la extrema derecha internacional. El V Encuentro Regional del Foro Madrid, organizado por la Fundación Disenso —vinculada al partido español Vox— reunió en Las Condes a dirigentes y representantes de distintas corrientes conservadoras y ultraderechistas, con los presidentes Javier Milei y José Antonio Kast como principales figuras.

El encuentro, presentado por sus organizadores como una defensa de la libertad, la democracia y el Estado de Derecho frente a la “extrema izquierda”, adquirió desde su apertura un tono marcadamente ideológico.

El encargado de imprimir esa impronta fue Milei. En su intervención, el mandatario argentino no se limitó a defender las políticas de su gobierno: construyó una visión del escenario político mundial basada en una división absoluta entre buenos y malos. Según su relato, la izquierda radical y el terrorismo encarnarían el “mal”, mientras quienes adhieren a su concepción de libertad representarían el “bien”.

La fórmula revela una concepción profundamente polarizante de la política: el adversario deja de ser un competidor legítimo con ideas diferentes para transformarse en una amenaza existencial que debe ser derrotada. En esa lógica, el diálogo, la negociación y el pluralismo democrático quedan subordinados a una permanente “batalla cultural”.

Milei llevó esa retórica hasta la descalificación personal. Calificó a sectores de izquierda como “zurdos mugrosos”, acusó al socialismo de constituir un “cáncer” dentro de las instituciones y lanzó una ofensiva contra el presidente español Pedro Sánchez y el PSOE, a quienes responsabilizó de promover una supuesta degradación de la identidad española y de facilitar la inmigración irregular.

El problema no reside solamente en el tono agresivo. La retórica de Milei transforma asuntos complejos —migración, desigualdad, crisis institucionales, crecimiento económico o conflictos políticos— en explicaciones binarias y absolutos morales. La política queda reducida así a una confrontación entre quienes están “del lado correcto” de la historia y quienes integran el supuesto “bando del mal”.

Una historia de Chile convenientemente recortada

Chile ocupó un lugar central en el relato de Milei. El presidente argentino presentó al país como una demostración del éxito de las llamadas “ideas de la libertad” después del derrocamiento de Salvador Allende y sostuvo que posteriormente el país habría perdido la denominada “batalla de las ideas”.

También afirmó que el estallido social de 2019 fue consecuencia de que la derecha habría descuidado esa disputa cultural, mientras sostuvo que medios de comunicación y universidades habrían contribuido a socavar las ideas que él reivindica.

Pero esa interpretación omite buena parte de la complejidad histórica chilena. El propio relato difundido en el foro pasa prácticamente por alto las tres décadas de gobiernos de la Concertación posteriores a la dictadura, período durante el cual Chile registró importantes transformaciones económicas, sociales e institucionales bajo administraciones de centroizquierda.

La simplificación resulta funcional a la tesis política del encuentro: presentar la historia como una sucesión de victorias y derrotas ideológicas, antes que como un proceso complejo, contradictorio y atravesado por distintas experiencias políticas.

Del debate democrático a la lógica de la cruzada

La principal característica del discurso no fue, por tanto, una propuesta concreta para resolver los problemas latinoamericanos, sino la construcción de un enemigo común.

Milei llamó a las derechas a organizarse internacionalmente y sostuvo que cada país debe “ordenarse puertas adentro”, eliminando la influencia de la izquierda de sus instituciones para integrarse a una alianza internacional defensora de sus ideas.

Esa concepción resulta especialmente significativa porque el Foro Madrid no es simplemente una conferencia académica. La instancia fue impulsada por la Fundación Disenso y se ha convertido en una plataforma de articulación internacional de sectores conservadores y de extrema derecha. En Santiago participan dirigentes de distintos países y el encuentro concluirá con una denominada Declaración de Santiago.

La presencia de Kast como anfitrión y participante adquiere, en ese contexto, un significado político evidente. El actual mandatario chileno fue uno de los firmantes de la Carta de Madrid en 2020 y ha defendido públicamente su participación en el foro pese a las críticas surgidas incluso dentro de sectores de la derecha chilena.

La imagen que deja la primera jornada es, por ello, más amplia que la de una reunión partidaria: Santiago aparece como plataforma para proyectar una red internacional de derechas radicalizadas que pretende disputar el sentido político y cultural de la región.

Protestas y una democracia tensionada

La llegada del Foro Madrid también encontró una respuesta social en las calles. Organizaciones estudiantiles, sindicales, feministas, políticas y sociales convocaron manifestaciones en Santiago y Valparaíso para expresar su rechazo a una instancia que identifican con el autoritarismo, el negacionismo y la intolerancia.

La controversia se desarrolla, además, en un contexto particularmente delicado para Chile. La visita de Milei coincide con la tensión bilateral generada por declaraciones provenientes de Argentina respecto del Estrecho de Magallanes, mientras Kast decidió no exigir públicamente a su homólogo argentino la derogación del decreto que alude al estrecho como un espacio compartido. La reunión bilateral entre ambos presidentes terminó sin una declaración conjunta.

En ese escenario, el Foro Madrid deja una pregunta inevitable: ¿se trata simplemente de una reunión internacional de sectores conservadores o de la consolidación de una plataforma política destinada a convertir la confrontación permanente en método de gobierno?

El discurso de Milei ofrece una respuesta inquietante. Cuando la política se presenta como una guerra entre el bien y el mal, cuando el adversario es descrito como “cáncer”, “enemigo” o parte de un supuesto “bando del mal”, el espacio para la discrepancia democrática se estrecha peligrosamente.

La democracia, sin embargo, no consiste en eliminar al adversario. Consiste precisamente en aceptar que el adversario existe, tiene derechos, puede gobernar y puede volver a hacerlo. La transformación del debate político en una cruzada moral puede ser eficaz para movilizar seguidores, pero difícilmente constituye una receta para fortalecer sociedades pluralistas.

En Santiago, Milei no vino simplemente a hablar de economía. Vino a proclamar una batalla cultural. Y el Foro Madrid, con Kast como anfitrión, ofreció el escenario para hacerlo.

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