Foro Madrid: Embajador de EE.UU. celebra la docilidad del actual gobierno de Chile para afianzar la hegemonía de Washington y su «Doctrina Donroe»
Brandon Judd dejó en evidencia una estrategia donde el combate al crimen organizado actúa como pretexto para someter las políticas locales al control policial y militar de la Casa Blanca.
Lo que la diplomacia de Washington presenta como «cooperación bilateral», en el fondo no es más que la actualización del histórico hegemonismo de la Casa Blanca. Durante el marco del Foro Madrid 2026, el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, dejó al descubierto la naturaleza colonial de la denominada “Doctrina Donroe” —el aggiornamento que fusiona la formulación hegemonista de James Monroe (1823) con el modelo de dominación promovido por Donald Trump—.
En sus declaraciones, Judd admitió de forma tajante que la imposición de las directrices estratégicas de Washington resulta «muy fácil» cuando en la región gobiernan administraciones afines como la de José Antonio Kast en Chile. Detrás del retórico despliegue de seguridad global, la diplomacia estadounidense confirma que la soberanía de los países latinoamericanos queda supeditada a las prioridades geopolíticas del Norte bajo la fachada de acuerdos multilaterales.
De la Doctrina Monroe al chantaje de la seguridad
Tradicionalmente, la doctrina del “América para los americanos” sirvió para justificar intervenciones militares y tutelajes políticos. En su versión contemporánea, el sometimiento ya no requiere únicamente de presiones abiertas, sino del alineamiento entusiasta de gobiernos locales que subordinan la agenda nacional a los intereses norteamericanos.
Bajo iniciativas como el “Escudo de las Américas” y la “Coalición Contra los Cárteles de las Américas (A3C)”, la Casa Blanca busca externalizar sus dinámicas de control policial e inteligencia, proyectando el combate al crimen organizado transnacional no como una política de integración entre iguales, sino como una franquicia supervisada por agencias federales estadounidenses como el FBI.
Subordinación voluntaria e ideologización de la política exterior
El tono despreocupado del diplomático —quien señaló que le causa «risa» que se califique de mala a esta doctrina— devela la complacencia de Washington frente a una extrema derecha regional dispuesta a ceder autonomía estratégica. Al calificar a los gobiernos receptivos como piezas operativas ideales, la administración estadounidense reafirma que el desarrollo de la región no se mide en soberanía económica ni autodeterminación, sino en la rapidez con la que las capitales sudamericanas ejecutan los dictámenes del Pentágono y el Departamento de Estado.
En definitiva, la «Doctrina Donroe» no constituye una alianza de mutuo beneficio, sino la ratificación de un modelo de tutelaje donde la derecha latinoamericana actúa como correa de transmisión de la agenda imperialista, hipotecando la autonomía de los pueblos a cambio de respaldo político e ideológico.
