La crisis del agua ya cambió las reglas: el planeta entra en una nueva era hídrica
La OMM alerta que ríos, aguas subterráneas y glaciares están perdiendo sus patrones históricos. La disponibilidad del agua dulce se vuelve más irregular mientras las reservas naturales disminuyen.
El agua dulce almacenada por el planeta está perdiendo su capacidad para actuar como un colchón frente a las sequías. Esa es una de las principales conclusiones del más reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que advierte sobre una transformación sostenida del ciclo hidrológico y sobre la necesidad de que los gobiernos adapten sus políticas a condiciones que ya no corresponden a los patrones del pasado.
El diagnóstico es especialmente preocupante porque no se trata de un episodio aislado.
Durante 2025, aproximadamente el 36% de las cuencas fluviales analizadas presentó caudales inferiores a los niveles considerados normales. Además, por séptimo año consecutivo, los ríos que mantuvieron condiciones normales fueron una minoría.
Para la OMM, la sucesión de estos fenómenos constituye una señal de largo plazo: el comportamiento del agua en el planeta se ha vuelto más irregular y resulta cada vez más difícil anticipar dónde y cuándo estarán disponibles los recursos hídricos.
Una reserva natural que comienza a agotarse
La disponibilidad de agua dulce no depende exclusivamente de los ríos.
Las aguas subterráneas, los lagos, la nieve, la humedad del suelo y los glaciares cumplen una función esencial como reservas naturales. Estos sistemas permiten compensar parcialmente los períodos secos y sostener el suministro cuando las precipitaciones disminuyen.
Sin embargo, el informe señala que esas reservas llevan cerca de una década mostrando una tendencia descendente.
La comparación utilizada por la OMM es particularmente gráfica: estas reservas funcionan como una especie de «cuenta de ahorros» del planeta. El problema es que esa cuenta lleva años reduciéndose.
Las aguas subterráneas constituyen una de las señales más relevantes. Durante 2025, cerca de dos tercios de los pozos monitoreados se encontraban fuera de sus rangos históricos habituales, con un predominio de situaciones deficitarias sobre aquellas en que se produjo recuperación.
El escenario no es uniforme en todo el planeta. Algunas zonas de Sudamérica mostraron signos de recuperación después de varios años de déficit, mientras determinados grandes lagos de África central y meridional registraron niveles superiores a los habituales.
Pero estas excepciones no modifican la tendencia global identificada por la OMM.
Los glaciares continúan perdiendo hielo
Los glaciares constituyen otro de los grandes indicadores de la transformación del sistema hídrico mundial.
Por cuarto año consecutivo, todas las principales regiones glaciares registraron pérdidas de masa.
Solo durante 2025 desaparecieron aproximadamente 408 gigatoneladas de hielo. Considerando el período 2023-2025, la pérdida acumulada llegó a unas 1.400 gigatoneladas, volumen equivalente a cerca de un tercio del agua dulce que el planeta utiliza en un año.
La pérdida de hielo no representa únicamente una consecuencia visible del calentamiento global. También puede alterar la disponibilidad futura de agua para millones de personas que dependen de los deshielos estacionales.
En algunas regiones donde existen glaciares pequeños, la OMM advierte que podría haberse alcanzado ya el denominado «pico de agua»: el momento a partir del cual el aporte hídrico de un glaciar comienza a disminuir porque la cantidad de hielo disponible para derretirse es cada vez menor.
La organización subraya, no obstante, que la pérdida futura de parte de los glaciares puede reducirse dependiendo de la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El agua ya no se comporta como antes
El informe plantea una consecuencia que trasciende el ámbito estrictamente ambiental.
Durante décadas, los sistemas de planificación hídrica se construyeron utilizando patrones históricos como referencia para proyectar el futuro. Pero esos patrones están dejando de ser confiables.
La OMM advierte que durante 2025 y en los siete años anteriores, la distribución del agua en el planeta se apartó de manera persistente de lo observado durante las tres décadas precedentes.
El problema, por tanto, no consiste solamente en que exista menos agua en determinados lugares.
También importa cuándo aparece, dónde se concentra y durante cuánto tiempo permanece disponible.
Una región puede experimentar inundaciones devastadoras y, poco después, enfrentar una situación de déficit hídrico. En otras zonas, las sequías pueden prolongarse mientras las reservas subterráneas continúan disminuyendo.
Esta creciente irregularidad dificulta la planificación de ciudades, agricultura, generación energética y abastecimiento de agua potable.
Los países más expuestos también enfrentan una carencia de información
Existe además una paradoja.
Asia y África concentraron durante los últimos cinco años al menos la mitad de los fenómenos hidrológicos extremos registrados mundialmente y más del 80% de las muertes asociadas a ellos.
Sin embargo, ambas regiones continúan presentando importantes déficits de información hidrológica.
Sin suficientes estaciones de medición y registros confiables resulta más difícil anticipar inundaciones, sequías y otros eventos extremos, y también diseñar políticas eficaces para enfrentarlos.
La disponibilidad mundial de información ha mejorado. Actualmente, 52 países aportan datos procedentes de más de 3.100 estaciones de medición de caudales. En la primera edición del informe, la red comprendía apenas siete países y 14 estaciones.
Pero la OMM sostiene que todavía es necesario ampliar sustancialmente la cobertura.
Una nueva realidad que obliga a cambiar la planificación
El informe no atribuye todos los cambios exclusivamente al cambio climático. La variabilidad natural y las actividades humanas también intervienen en la evolución de los recursos hídricos.
Pero la evidencia acumulada apunta a una conclusión fundamental: las sociedades ya no pueden planificar el futuro suponiendo que el comportamiento del agua será similar al registrado durante las décadas anteriores.
La respuesta requiere mejorar la observación de los sistemas hídricos, compartir información entre países, fortalecer los sistemas de alerta temprana y desarrollar políticas capaces de anticipar escenarios de mayor incertidumbre.
Los recientes acontecimientos registrados en la región del Himalaya muestran, además, la complejidad creciente de estos riesgos. La interacción entre deshielo, inestabilidad del terreno, actividad sísmica y condiciones hidrológicas puede generar fenómenos difíciles de anticipar y con consecuencias potencialmente catastróficas.
En ese contexto, la cooperación internacional adquiere una importancia decisiva.
Compartir datos hidrológicos, información meteorológica y alertas tempranas puede marcar diferencias sustanciales frente a fenómenos extremos que no respetan fronteras nacionales.
El mensaje de fondo
La advertencia de la OMM no apunta simplemente a un futuro de escasez.
Es, sobre todo, una advertencia sobre el cambio en las reglas con las que históricamente se ha administrado el agua.
El planeta todavía dispone de enormes reservas de agua dulce. El problema es que una parte creciente de ellas se encuentra bajo presión, se distribuye de manera más irregular o está almacenada en sistemas —como los glaciares y las aguas subterráneas— que muestran señales de deterioro.
La cuestión central ya no es solamente cuánto agua existe.
Es si estará disponible en el lugar, en el momento y en la cantidad que las sociedades necesitan.
Y según la OMM, ese futuro no pertenece a las próximas décadas.
En muchos lugares, ya comenzó.
