Ganancias récord en ENAP y alzas sin amortiguar: la jugada fiscal que traspasó el costo del combustible a los ciudadanos
Mientras la refinería estatal sumó US$ 579 millones en utilidades y Hacienda prepara el retiro de casi US$ 600 millones, el congelamiento de los mecanismos de atenuación obligó a los usuarios a absorber de su bolsillo las alzas más severas del mercado.
Los estados financieros presentados por la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) correspondientes al primer semestre de 2026 han encendido el debate económico y político en el país. Durante los primeros seis meses del año, la petrolera estatal registró utilidades netas por US$ 579 millones, lo que representa un espectacular crecimiento de 82% en comparación con el mismo período de 2025. Sin embargo, detrás de este hito corporativo se esconde una directa correlación con el encarecimiento de los combustibles que ha impactado de lleno el presupuesto de los chilenos.
El desempeño económico de ENAP —que acumuló un EBITDA de US$ 974 millones— ha sido calificado por la ejecutiva de la compañía como el resultado de una estricta disciplina operativa y optimización logística. No obstante, analistas del sector energético y financiero coinciden en señalar que estos números históricos responden de forma determinante a la captura de elevados márgenes de refinación en el mercado interno, posibilitados por el escenario tarifario que enfrentaron los consumidores finales.
Durante los últimos meses, los conductores y el sector transporte de Chile absorbieron una seguidilla de incrementos en el precio de las gasolinas y el diésel. A diferencia de episodios de volatilidad anteriores, la administración fiscal optó por acotar o no activar plenamente la capacidad de subsidio e intervención del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO). Al traspasar el costo internacional de manera directa e íntegra a los usuarios finales, la tarifa en surtidor alcanzó picos históricos.
Esta decisión de política económica tuvo un doble efecto en la estructura financiera pública. Por una parte, al no aplicar atenuaciones fiscales agresivas, el Fisco protegió la recaudación por concepto de IVA e Impuesto Específico. Por otra parte, ENAP, en su condición de principal refinadora y mayorista del país, vendió su producción a precios de paridad de importación plenamente vigentes, expandiendo extraordinariamente su margen bruto de comercialización.
El principal beneficiario de este engranaje ha sido el propio Ministerio de Hacienda. Para el presente ejercicio 2026, la autoridad fiscal ya anunció un retiro de utilidades desde ENAP ascendente a US$ 593,5 millones, monto que se suma a cerca de US$ 100 millones aportados por la vía de impuestos tributarios directos. Así, la suma total que ingresará a las arcas del Estado proveniente de la estatal superará los US$ 700 millones en el año.
La contrapartida de este fortalecimiento patrimonial ha sido el bolsillo ciudadano. Mientras ENAP reduce su endeudamiento financiero en US$ 1.662 millones y logra la mantención de una elevada clasificación crediticia internacional (A- por Fitch Ratings), la clase media y los sectores productivos han tenido que asumir el costo de la estabilización fiscal mediante el pago de combustibles sustancialmente más caros.
El escenario plantea un dilema ético y comunicacional sobre el rol de las empresas públicas en Chile. Si bien el saneamiento de ENAP evita que la firma sea una carga para el Estado, la evidencia del primer semestre de 2026 demuestra que la solidez financiera de la compañía y el holgura presupuestaria del Fisco se sustentaron en una severa transferencia de recursos desde los bolsillos de los contribuyentes hacia el aparato público.