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El severo diagnóstico de Ignacio Briones tras seis meses de gestión: “Afrontamos una verdadera emergencia laboral”

Obras públicas masivas, subsidios focalizados y un cambio radical de discurso: los ejes que propone el ex ministro de Hacienda para sacar a Chile de la parálisis laboral.

Al cumplirse el primer semestre del gobierno del Presidente José Antonio Kast, las señales de debilidad en el mercado del trabajo encendieron las alarmas del debate económico. En un agudo balance sobre la marcha de las finanzas nacionales, el exministro de Hacienda, Ignacio Briones, advirtió que la tasa de desocupación alcanzó un crítico 9,5%, panorama que a su juicio configura un escenario de «emergencia laboral» que requiere respuestas estatales inmediatas e intensas.

El economista puso énfasis en que la pérdida de puestos de trabajo está castigando de manera desproporcionada a las mujeres y a los jóvenes. Con cerca de un millón de personas buscando activamente un ingreso y una adición neta de 100 mil desempleados en el período reciente, Briones remarcó que las políticas desplegadas hasta ahora por La Moneda se quedan cortas frente a la envergadura del deterioro macroeconómico.

De las palabras a las arcas públicas: Las exigencias presupuestarias

Para el exjefe de las arcas fiscales, la discusión del próximo Presupuesto de la Nación debe transformarse en el verdadero punto de inflexión. A su juicio, cuando el país atraviesa coyunturas extraordinarias en materia de empleo, la respuesta gubernamental no puede guiarse por instrumentos de escala inercial.

En esa línea, planteó tres aceleradores concretos para reactivar la absorción de mano de obra:

Aceleración en obras públicas: Activar de inmediato licitaciones y proyectos de infraestructura estatal.

Impulso a la vivienda: Destrabar la ejecución de soluciones habitacionales con capacidad de contratación rápida.

Escalamiento de subsidios: Reconfigurar los estímulos directos a la contratación formal.

Si bien el exministro matizó su juicio reconociendo que seis meses son insuficientes para imputar la totalidad del frenazo económico a la actual administración —atribuyendo parte del fenómeno a vientos en contra internacionales—, fue enfático en criticar la pasividad táctica con la que se ha abordado el choque laboral.

La trampa de la narrativa del estancamiento

Más allá de la gestión presupuestaria, el análisis más crítico de Briones apuntó a la estrategia comunicacional y política desplegada por el oficialismo. El académico cuestionó la persistente narrativa pública que cataloga a Chile como una nación en «emergencia permanente» o «quebrada».

De acuerdo con su análisis, la insistencia gubernamental en proyectar la idea de un país devastado e institucionalmente colapsado actúa como un boomerang: lejos de justificar el actuar del Ejecutivo, propaga una atmósfera de pesimismo generalizado que inhibe la toma de decisiones del sector privado y paraliza la inversión a largo plazo.

Briones concluyó instando al Gobierno a reestructurar su relato, combinando el realismo necesario para atender los problemas de urgencia social con una hoja de ruta creíble y optimista sobre las oportunidades de desarrollo del país.

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