Kast le dice al mundo que «Chile está de vuelta»; en casa, siete de cada diez no le creen
Ante la ONU, el Presidente proyectó la épica de una reconstrucción nacional. En Chile, la encuesta Criteria de septiembre marca su peor aprobación desde que asumió —29%— y, por primera vez, una mayoría relativa culpa a su propio gobierno de la crisis que denuncia haber heredado.
El presidente José Antonio Kast realizó este martes su primera intervención como Jefe de Estado ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en el marco del 81° período de sesiones en Nueva York. En un discurso de 18 minutos, desplegó un relato de reconstrucción nacional: un país que, tras años de «malas decisiones» y el estallido social de octubre de 2019, hoy «comienza a caminar hacia el desarrollo» gracias a las políticas de su gobierno. El problema es que ese relato no encuentra respaldo en los datos que, en el mismo mes de septiembre, describen el estado de ánimo del país que dice representar.
EL RELATO EXPUESTO EN NUEVA YORK
Kast evocó el discurso pronunciado hace 74 años por el entonces presidente Jorge Alessandri ante el mismo foro para trazar un arco narrativo propio: un Chile que fue «caso de éxito» durante los años noventa y comienzos de los dos mil, que luego «se estancó» por el alza de impuestos, regulaciones y obstáculos al emprendimiento, y que finalmente «se quebró» con el estallido social de 2019, cuando —en su descripción— se instalaron el caos y el desorden en las calles. De ese quiebre, sostuvo, se derivaron la fuga de inversión, el estancamiento del empleo y una escalada de violencia homicida asociada al avance del crimen organizado.
Frente a ese diagnóstico, el mandatario afirmó que «Chile está de vuelta» y que, a seis meses de asumir, su gobierno «está ordenando la casa»: un país que describió como más seguro, más competitivo y con menos burocracia. Sobre esa base, invitó a los líderes e inversionistas del mundo a «elegir Chile», presentándolo como una plaza de reglas estables, tribunales que funcionan y contratos que se cumplen. El discurso incluyó además un llamado al cese de los conflictos bélicos globales por su impacto en la inflación y el empleo, y una crítica al funcionamiento de Naciones Unidas, a la que acusó de un «problema de acción» y para la que propuso reducir su burocracia, acotar sus agendas y reformar el Consejo de Seguridad.
«Chile está de vuelta. Y no es una consigna», dijo Kast en Nueva York. En Santiago, el 62% de los consultados por Cadem cree que su gobierno ha sido peor de lo esperado.
LO QUE REGISTRAN LAS ENCUESTAS EN CHILE
Nada de ese optimismo se refleja en las mediciones de opinión pública levantadas en el país durante septiembre. La encuesta Agenda Criteria, con campo al 16 de septiembre, situó la aprobación del mandatario en 29% frente a una desaprobación de 59%: el peor registro de su gestión y una caída sostenida desde el 46% con que había partido en marzo.
El pesimismo económico, lejos de ceder, se profundiza: un 51% de los encuestados por Criteria califica la situación económica del país como «mala», nueve puntos más que en abril, en un escenario de desempleo de 9,5% y caída de la actividad económica. En materia de generación de empleo, un 45% cree que el gobierno «improvisa» y solo un 17% percibe un plan claro. Y en un giro que contradice de manera directa el relato expuesto ante la ONU —que atribuye los males del país a decisiones tomadas antes de 2019—, por primera vez la ciudadanía identifica al propio gobierno de Kast (38%) como el principal responsable de los problemas actuales, superando a la explicación de una «herencia» de administraciones anteriores (32%).
A esos números se suma una cifra que interpela directamente la épica de la reconstrucción prometida: un 41% de los encuestados por Cadem afirma que no espera cambios positivos en ningún momento del actual gobierno, mientras solo un 24% confía en que estos lleguen antes de que termine el mandato, en 2029.
UN RELATO QUE VIAJA, UNA REALIDAD QUE NO LO ACOMPAÑA
El mandatario regresa a Chile esta semana habiendo presentado ante el mundo la imagen de un país en franca recuperación, ordenado y atractivo para la inversión. En el frente interno, sin embargo, enfrenta la evaluación más baja de su gestión desde que asumió La Moneda, una ciudadanía que crecientemente le atribuye a su propia administración —y no a la herencia que invocó en Nueva York— la responsabilidad por la crisis económica y de expectativas, y un electorado que, en su mayoría, ya no espera que la reconstrucción prometida efectivamente llegue.
