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Fenómeno de El Niño dispara la alerta climática: Chile se prepara para un verano de calor extremo

La NOAA advierte sobre uno de los episodios más intensos registrados, mientras científicos anticipan nuevos récords de temperatura y una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos.

El fenómeno de El Niño que se desarrolla actualmente en el Pacífico tropical ha adquirido una intensidad que mantiene en alerta a los organismos meteorológicos internacionales. La NOAA ha reforzado sus sistemas de monitoreo ante un rápido incremento de las temperaturas oceánicas y proyecta que las anomalías podrían superar los 2,5 °C respecto del promedio en algunas zonas, configurando uno de los episodios más intensos observados desde que existen registros sistemáticos.

Las mediciones más recientes muestran temperaturas superficiales y subsuperficiales hasta 1,8 °C sobre los valores habituales en el Pacífico central, mientras algunos núcleos de agua cálida alcanzan desviaciones de hasta 2,6 °C. Esta masa de calor se extiende hasta unos 300 metros de profundidad y su evolución también está siendo favorecida por fenómenos atmosféricos como la Oscilación Madden-Julian, que contribuye a transferir energía hacia el océano.

La magnitud del episodio resulta especialmente relevante porque ocurre sobre un planeta que ya enfrenta temperaturas récord como consecuencia del calentamiento global. Para especialistas como el climatólogo Daniel Swain, de la Universidad de California, se trata de un escenario prácticamente inédito: nunca antes un El Niño de esta intensidad se había desarrollado sobre un océano y una atmósfera de fondo tan cálidos.

Un fenómeno que amplifica los extremos

El Niño altera temporalmente la circulación atmosférica y redistribuye calor y humedad a escala planetaria. Sus efectos pueden traducirse simultáneamente en lluvias extraordinarias en algunas regiones y sequías severas en otras.

Entre los impactos esperados se encuentran condiciones más secas en Australia e Indonesia, precipitaciones intensas en sectores de Sudamérica y una mayor humedad en zonas de Estados Unidos. En distintas partes del mundo ya se observan comportamientos atmosféricos fuera de los patrones habituales, con sequías en territorios tradicionalmente lluviosos y temperaturas excepcionales en Europa y otras regiones.

Chile tampoco queda al margen. El país se encuentra directamente expuesto a las alteraciones que genera el calentamiento del Pacífico tropical. El climatólogo de la Universidad de Santiago Raúl Cordero advierte que el próximo verano podría presentar temperaturas extraordinariamente elevadas, precisamente porque los episodios de El Niño tienden a favorecer veranos más cálidos en el territorio nacional.

La combinación entre un El Niño particularmente intenso y el calentamiento global constituye, además, un factor decisivo para explicar la sucesión de récords térmicos. El año 2024 mantiene actualmente el registro del año más cálido, pero existe una alta probabilidad de que ese récord sea superado nuevamente durante 2026 o 2027.

Para Cordero, esto no significa que el planeta vaya a estabilizarse en las temperaturas extremas observadas actualmente. Por el contrario, mientras continúe el calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero, los récords tenderán a romperse con mayor frecuencia.

Chile: más lluvias ahora, pero no cambia la tendencia climática

Uno de los aspectos que puede generar mayor confusión es que El Niño puede producir temporalmente más precipitaciones en Chile, mientras el cambio climático estructural apunta hacia una reducción de las lluvias y una mayor frecuencia de períodos secos.

La diferencia es fundamental: El Niño es un fenómeno temporal, mientras el calentamiento global constituye una transformación de largo plazo. Por ello, un año excepcionalmente lluvioso no significa que Chile haya revertido su tendencia hacia una mayor aridez.

Los últimos episodios extremos también han demostrado que el país posee hoy mejores herramientas para enfrentar estos eventos. Las precipitaciones extraordinarias registradas recientemente en Santiago, La Serena y sectores de Atacama no tuvieron las consecuencias humanas que podrían haberse esperado considerando su intensidad y extensión territorial.

La explicación está, en parte, en el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, las comunicaciones y la capacidad de anticipación frente a inundaciones y aluviones. La experiencia de los grandes El Niño de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 dejó aprendizajes que hoy permiten reducir riesgos.

Sin embargo, la advertencia de fondo permanece: El Niño puede intensificar temporalmente los extremos, pero es el calentamiento global el que está elevando progresivamente el punto de partida desde el cual ocurren esos fenómenos. Y bajo ese escenario, el próximo verano chileno podría ser especialmente exigente en materia de temperaturas y gestión de riesgos climáticos.