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El cuento de hadas que ocultó un secuestro: la osadía narrativa de Maite Alberdi en Netflix

Híbrido entre ficción y realidad, el primer documental mexicano de la aclamada directora chilena reconstruye la psiquis de una mujer que fingio un embarazo, desafiando las reglas del género para revelar una tragedia de salud mental.

Fingir un embarazo durante nueve meses, engañar a una familia entera y, finalmente, secuestrar a un bebé ajeno para saciar una obsesión. El escalofriante caso mediático de Alejandra Marín en México bien podría tratarse como un clásico policial, pero para la directora chilena Maite Alberdi —nominada en dos ocasiones al Óscar— el verdadero crimen se esconde en las sombras de la sociedad que lo provocó.

Un hijo propio , que estrenó el pasado 13 de agosto en Netflix, marca el debut de Alberdi en el cine documental mexicano. Lejos de limitarse a reconstruir los hechos, la realizadora utiliza esta producción de Gato Grande para diseccionar la salud mental, el trauma y, sobre todo, el aplastante mandato latinoamericano que iguala a la mujer con la madre.

La ficción como herramienta de la verdad

Para contar la historia desde el interior, Alberdi tomó una decisión arriesgada: hibridar el documental con la ficción. Sin embargo, aclara que no se trata de una recreación de los hechos, sino de «la puesta en escena de la visión subjetiva de Alejandra». Es decir, la ficción representa la mentira que el protagonista se contaba a sí misma para sobrevivir a su entorno.

Bajo esta premisa, la directora dotó a estos segmentos de una estética de cuento de hadas, donde el color rosa predomina como un escudo protector. «Qué choca con la realidad cuando ella tiene que enfrentarla», señaló Alberdi en entrevista con la revista PRODU. A través de este contraste, la película expone cómo las construcciones derivadas del trauma terminan colisionando contra un muro de realidad insostenible.

El desafío técnico: dos películas en una

Llevar esta visión a la pantalla exigió un despliegue logístico monumental. Según explicó el productor ejecutivo Maximiliano Sanguine, lo que comenzó como una investigación documental tradicional mutó hasta obligarlos a rodar dos películas en paralelo.

Uno de los mayores retos fue la fidelidad visual. La productora Sandra Godínez detalló que el equipo de diseño de producción, liderado por Estefanía Larraín, debió crear escenarios que fueran «una calca» exacta de los espacios reales, sabiendo que más adelante el espectador vería las imágenes de archivo originales. La película cuenta además con la producción ejecutiva de la propia Alberdi, Carla González Vargas, y la coproducción de Megan Espinoza. El guion corrió a cargo de Julián Loyola y Esteban Student, la edición de Carolina Siraqyan, y la dirección de fotografía de Sergio Armstrong ACC e Ignacio Miranda.

La ceguera social: «Nadie la vio»

Más allá del alarde técnico, Un hijo propio es un documento que apunta al dedo contra el colectivo. Alberdi subraya que, aunque el caso ocurrió en México, la presión invisible sobre la mujer trasciende fronteras. «Hay preguntas inconscientes que parecen inofensivas, pero que van generando dolores profundos en el otro», advirtió la directora.

La película plantea una pregunta incómoda y central: ¿cómo es posible que nadie notara el fraude durante meses? Alberdi concluye que hubo una negligencia colectiva: ni la familia, ni los médicos, ni el sistema de salud que la atendió tras tres abortos espontáneos previos. «No recibió atención de salud mental […] Sí la tuvo al entrar a la cárcel, pero no la tuvo al tener tres pérdidas. Hay una responsabilidad social que no es solo de las instituciones, sino que todos somos parte de ella», sentenció.

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