Impuesto único, del 5% y solo para fortunas sobre US$1.000 millones: qué dice la propuesta californiana que seis premios Nobel quieren que sea ley
La Proposición 40 gravaría con US$100 mil millones a unas 250 fortunas de más de US$1.000 millones. Sus defensores la llaman «un punto de inflexión entre democracia y oligarquía»; sus críticos, como Sergey Brin, ya invirtieron US$100 millones para frenarla.
El próximo 3 de noviembre, en el marco de las elecciones generales estadounidenses, los californianos votarán la Proposición 40, una iniciativa sin precedentes en el mundo: un gravamen único del 5% sobre el patrimonio neto de los residentes del estado con fortunas superiores a US$1.000 millones —unas 250 personas cuya riqueza combinada supera los US$2 billones.
La medida, impulsada por el sindicato SEIU-UHW, (Service Employees International Union – United Healthcare Workers West) que es uno de los sindicatos de trabajadores de la salud más grandes y activos de los Estados Unidos, nace como respuesta a los recortes federales al Medicaid aprobados por el Congreso en 2025. El 90% de lo recaudado iría a servicios sanitarios públicos, y el resto a programas de alimentación, educación y gastos administrativos. Los promotores estiman una recaudación de hasta US$100.000 millones —equivalente a un impuesto del 5% sobre la renta de todos los contribuyentes del estado—, aunque el analista legislativo de California es más prudente y habla de «decenas de miles de millones» repartidos en varios años.
El impulso más contundente llegó este lunes: seis premios Nobel de Economía —Daron Acemoglu, Abhijit Banerjee, Peter Diamond, Esther Duflo, Paul Krugman y Joseph Stiglitz— firmaron una carta de respaldo en la que califican la votación como «un punto de inflexión en la batalla entre democracia y oligarquía». Los economistas subrayan que la riqueza del 0,001% más rico del estado saltó de US$700.000 millones a US$2,3 billones en una década, y rechazan el argumento de fuga de inversiones: señalan que California ha captado el 80% del nuevo capital de riesgo del país desde que se anunció la iniciativa. Incluso Jensen Huang, CEO de Nvidia y uno de los principales contribuyentes potenciales, dijo estar «perfectamente de acuerdo» con la medida.
No falta oposición: empresarios y organizaciones advierten sobre efectos en la inversión y la recaudación, y figuras como el cofundador de Google, Sergey Brin, han aportado más de US$100 millones para frenarla.
Además, la Proposición 40 no se votará sola: en la misma papeleta sus propios adversarios inscribieron dos contramedidas. La Proposición 41 obligaría a someter los ingresos del impuesto al tope de gasto estatal y a auditorías programáticas; la 42 prohibiría constitucionalmente los impuestos sobre activos personales y los tributos retroactivos —precisamente el mecanismo que usa la 40 al fijar la residencia de los contribuyentes al 1 de enero de 2026, antes de que existiera la ley. Ambas llevan una cláusula de anulación: si cualquiera de las dos recibe más votos afirmativos que la Proposición 40, el impuesto a los multimillonarios quedaría sin efecto aunque la mayoría lo haya aprobado, y el conflicto final terminaría dirimiéndose en los tribunales.
Si se aprueba, California se convertiría en el primer territorio del mundo en gravar directamente las grandes fortunas —y sus impulsores esperan que el efecto domine más allá: «Si el estado que alberga a algunos de los multimillonarios más poderosos del país vota para gravar su patrimonio, impulsará un movimiento en otros estados, a nivel federal y en otros países», concluye la carta.
